El cuidado personal (de una chica)

3 12 2009

Voy a hablar del botiquín y el neceser en una misma entrada, ya que, aunque la mayoría de las cosas son muy fáciles de clasificar; otras, especialmente en el caso de una mujer, puede ser muy subjetivo dónde incluirlas.

Esta lista sólo pretende servir de orientación, del mismo modo que yo me he basado en otros botiquines que he he visto por la red para crear el mío. Posiblemente notéis que faltan cosas muy básicas, mientras que he incluido otras un poco “especialitas”; cada uno sabe de qué pie cojea y qué es lo que más necesita, por eso, tanto el botiquín como el neceser, es algo bastante personal.

Como digo, no voy a hacer distinción de qué meto en una bolsa y qué en otra, más bien voy a hacer un listado, que irá de “más tipo botiquín”, a “más tipo neceser”; o también: “de lo que menos espero usar, a lo que más voy a usar”. Empecemos:

Malarone. Antipalúdico de emergencia en caso de malaria.

Azitromicina. Antibiótico de amplio espectro para cualquier tipo de infección.

Tiorfan. Antidiarreico. A esto me refería cuando, el día de las vacunas, dije que me había enterado de alguna cosilla curiosa. Tal vez vosotros ya lo supieseis, pero yo, que siempre he tirado de Fortasec para este tipo de cosas (la verdad es que nunca he tenido que usarlo, así que más bien debería decir que es lo que siempre he visto por casa), no sabía que el Fortasec está, digamos, “poco recomendado” por los especialistas. No quiero explicarlo, por miedo a hacerlo mal (para eso están los médicos), pero de una forma mundana podríamos decir que el Fortasec  ”para” los movimientos del intestino (olé mi terminología médica), por lo que: sí, evidentemente no evacúas, pero si la diarrea viene de una infección, tampoco la expulsas. Por tanto, para viajes cortos, es útil si quieres “detener la marea” cuanto antes y seguir disfrutando de las vacaciones (total, si la diarrea viene de un virus o infección que no se te quite por sí solo, en unos días estarás en casa, donde podrá verte un médico); pero en viajes largos, ante la duda, es mejor echarlo. El Tiorfan, por el contrario, no detiene los movimientos del intestino, pero lo que sí hace es evitar que éste produzca tanto líquido (el mecanismo de defensa de nuestro propio cuerpo que produce la diarrea), y consecuentemente, también evacuas menos. Vamos, que la diarrea no es causa sino efecto, por lo que no hay nada que la “cure”, así que cada uno sabrá qué es lo que mejor le viene para pasarla…

Suero oral. Para rehidratar y reponer sales en caso de diarrea.

Antihistamínico. Reacciones alérgicas y picaduras (…que no es lo mismo un mosquito del cantábrico a uno del Golfo de Bengala).

Termómetro.

Pastillas potabilizadoras para el agua.

Ibuprofeno. Antiinflamatorio. Torceduras, dolores musculares, ¡y de la regla!

Paracetamol. Fiebre y dolores moderados.

Crema antiinflamatoria y venda elástica para el pie. Aquí empieza la customización de mi botiquín. Notaréis que no llevo ni vendas, ni gasas, ni Betadine, ni ninguna de esas cosillas para las heridillas de emergencia, torceduras de muñecas o lo que sea (de acuerdo, lo admito: llevo unas tiritas). No soy persona de hacerme muchas heridas (la última creo que fue en 1987, con la bici), y soy de la opinión de que si me hago algo en el brazo, mejor que me vea un médico, o si es poca cosa, vendas hay en cualquier parte. Sin embargo, tengo una ligera (vale… gran) tendencia a hacerme esquinces y torceduras en el tobillo derecho. Un par de veces al año de media. Tanto, que ya no voy ni a que me lo vean, porque siempre me dicen lo mismo. Así que, dadas las circunstancias, lo mejor que puedo hacer es salir preparada de casa.

Crema antibiótica: Más customización. Un artículo indispensable en mi vida diaria. Para pequeños pelillos enquistados y cosas de esas.

Terra-Cortril. Pomada oftálmica. Si hay una parte del cuerpo que yo tenga delicada, son los ojos. Tengo que tener un cuidado terrible con qué maquillaje me echo, porque enseguida se me pone la cara como al hombre elefante. Aunque, lógicamente, durante el viaje no me voy a maquillar, sí es verdad que con cualquier cosa que se me meta en el ojo puedo liarla parda, sobre todo teniendo en cuenta que uso lentillas. La verdad es que no había reparado en ello, pero hace unos días leí la experiencia de una chica a la que, precisamente en India, le salieron unos orzuelos terribles, y me dio bastante miedo. Así que, por si acaso, la crema se viene conmigo. Al fin y al cabo es un bote de 15cm que no pesa nada.

Jabón antibacteriano. Del que se vende ahora tanto para la Gripe A. ¿Pijada? No tanto. Lógicamente, no voy a estar con el botecito encima cada vez que quiera llevarme un dedo a la boca, pero sí cada vez que quiera metérmelo en un ojo. Sí, lo habéis adivinado: las lentillas. Mejor tener los dedos limpios…

Protección solar del 40. Ni más ni menos.

Relec Extra-Fuerte. Repelente para insectos.

Tampax. Cantidades industriales. Tengo entendido (vayan ustedes a saber lo que hay de verdad en todo esto, pero mejor prevenir) que en India no resulta fácil encontrar tampones. Compresas sí, pero no tampones. Teniendo en cuenta que en India espero estar al menos tres meses, y que una servidora, “de normal”, necesita bastantes… echen cuentas. Miedo me da que no me dejen pasar la aduana por tráfico ilegal.

Cuchillas de depilar. (más cosas de chicas… o de afeitar, en el caso de los chicos)

Desodorante.

Tapones para los oídos.

Papel higiénico. (y lo que dure… duró)

Cortauñas, pinzas de depilar, espejo pequeñito (que igual no vuelvo a verme la cara hasta el año que viene… xD En serio: sobre todo para las lentillas).

Las recitadísimas lentillas! (nunca soñaron hacerse tan famosas xD Y unas gafas de ver, por si acaso… aunque eso va en el apartado “ropa”).

Gomas, horquillas y cepillo para el pelo (no descarto rapármelo en un futuro próximo).

Gel-champú-jabón para la ropa, todo en uno. Como leéis (total, cuando se acabe –que será pronto- a saber con qué termino lavándome).

Cepillo y pasta de dientes.

Y todo esto, ya empaquetado, queda más o menos así:

Neceser y botiquín de viaje

El boli lo he puesto para que os hagáis una idea del tamaño. Puede parecer mucho (¡y no he incluido el papel higiénico ni la bolsa de los Tampax! Necesitaría una fotografía aparte sólo para ellos… Es broma =P), pero hay que pensar que pensar que, entre las cosas que iré usando, que muchas son tamaño muestra (¡utilísimas!) y que en lo referente a ropa y demás accesorios apenas llevo nada… yo creo que va bien.

Y vosotros, ¿qué? ¿añadiríais o eliminarías algo?





Durmiendo en el aeropuerto

26 11 2009

Dentro de dos semanas estaré volando rumbo a Nueva Delhi. No sé exactamente en qué punto del mapa, pues las escalas y los cambios de horario me dificultan calcularlo con precisión (tampoco tengo ganas de ponerme a ello…), pero será un viaje muy largo.

Como dije en su momento, tengo que coger tres aviones. El primero, de Santander a Londres, me dejará en el Aeropuerto de Stansted sobre las nueve de la noche del miércoles. Ahí habré de tomar un autobús directo a Heathrow, y si todo va bien (dependerá, como siempre, de que no haya retrasos, de que no se demoren mucho con el equipaje, y de conseguir una buena conexión con el fin de no tener que estar esperando una hora hasta el siguiente autobús), antes de la una de la mañana espero haber llegado a dicho aeropuerto.

El problema es que el siguiente avión (Heathrow-Bahrain) no sale hasta las nueve de la mañana del jueves. Y son muchas horas. Sobre todo teniendo en cuenta lo que me espera a continuación: un vuelo de seis horas y media hasta Bahrain, una escala de cuatro, y otro vuelo de tres horas y media hasta Delhi. Unos intervalos de tiempo lo suficientemente cortos como para no poder dormir en condiciones, pero lo suficientemente largo en conjunto como para necesitar descansar un poco, si no quiero llegar a Delhi (a las cinco de la mañana, hora local) y no poder con mi alma.

De modo que, sea como sea, en Heathrow tengo que intentar dormir. Ahí se me plantean dos opciones:

La primera (para quien pueda permitírselo) queda descartada de entrada; no encaja con la naturaleza de mi viaje (pero tiene buena pinta, ¿eh? Anda que no me metía yo ahí cinco horitas, con mi camita, mi duchita y mi televisión, antes que estar en un frío banco agarrada a la mochila…).

La segunda se corresponde más con la idea que todos tenemos de dormir en el aeropuerto. La de los ojos como platos. Así pues, en las últimas horas me he entretenido buscando información y experiencias de personas que hayan dormido en Heathrow, por si hubiese algo que mereciese la pena saber y, a lo tonto, a lo tonto, he llegado a esta página: Sleeping in Airports. Ahí podéis buscar información del aeropuerto que queráis, su posicionamiento en el ranking de “mejores (y peores) aeropuertos para pasar la noche”, y opiniones de personas sobre qué zonas son más recomendables para echar una cabezadita, cuales están menos transitadas, si hay wifi y muchas cosas más. Lo que no esté inventado.

Gracias a ello me he enterado, por ejemplo, de que en Heathrow hay pulgas. Genial. Pero bueno, si consigo un tiburón tal vez no me ataquen… esperemos. ¿Alguien tiene uno?

Más consejos generales para quienes quieran probar esta saludable práctica, aquí.    (La información está igualmente sacada de Sleeping in Airports, pero así os ahorro el trabajo de buscarla y traducirla al español; o mejor dicho, nos lo ahorra esta amable chica ;) ¡Que no es cuestión de escribir dos veces lo mismo, leñe!)





Respira…

24 11 2009

Son ya varios los que se han dirigido a mi quejándose de que no actualizo. Quedan sólo 15 días para la partida, y parece que no tuviese nada que decir. Perdonadme,  estoy completamente bloqueada.

Estos días me encuentro saturada por una sobrecarga de información, pensamientos y opiniones que me llegan por todos los flancos, y que me está costando procesar: amigos que me animan, familiares que se preocupan, conocidos que se escandalizan, personas queridas  a quienes se  dice una verdad a medias… Y, en medio de todo esto, yo y mis incertidumbres: que ya no queda nada, que aún no he comenzado (ni por asomo) a hacer la maleta, que me quedan muchas cosas por comprar, que no tengo ni idea de dónde estaré dentro de dos semanas (ni con quién); que, de hecho, no tengo ni idea de hacia dónde dirigiré mis pasos a continuación.

Lo más curioso es que esta ansiedad (llamémosla así) tampoco me empuja a hacer nada por avanzar en los preparativos (y de este modo, tal vez, sentirme un poco más segura). “¿Y si busco información sobre Vietnam y pienso un posible itinerario?” “¡Para qué! Si no sabes siquiera si irás, ¡y no pensarás planificar la ruta del año entero, pueblo por pueblo!”

De modo que así estamos: en blanco. Viendo pasar las horas y contando los minutos y segundos que quedan hasta el gran día. No sé si será normal. Tal vez yendo con otra persona estos temores, esta sensación de inestabilidad, de estar a punto de caer inevitablemente por un precipio sin fondo a la vista,  no sería tan acusada. Tal vez si mi familia me apoyase un poco más, me sentiría más tranquila. No es que dude o me arrepienta de haber hecho las cosas así, no. Para nada. Jamás he estado más convencida y decidida a hacer algo. Pero ahora mismo siento vértigo, y no lo puedo evitar. Son las dos de la mañana, y no puedo dormir. No puedo dormir, y son las dos de la mañana. Y así estamos.

Y mañana, a pasear otra vez, a sacar fotos, a ver el mar. A respirar muy, muy hondo. Todo va a ir bien.

Playa de Santa Justa, Ubiarco (Cantabria)