Cuatro días para cuatro generaciones de historia (o cómo pasar tres días en Agra sin entrar en el Taj Mahal)

9 02 2010

Llegué a Agra con el firme propósito de sacar todo el partido posible a la ciudad antes de entrar en el famoso mausoleo que la convierte en el destino turístico más visitado de India. Por este motivo, ni el primer día, ni el segundo, ni el tercero, atravesé las murallas que protegen el monumento de las miradas de curiosos.

Habrá quien considere una tontería obligarse a resistir la tentación y cumplir gratuitamente una penitencia como ésta, pero el haber hablado con tanta gente que lo único que conoce de Agra es el Taj Mahal y el Fuerte Rojo, ya sea porque no quiso ver otra cosa o, aún peor, porque vino y se fue en el mismo día en una excursión organizada desde Delhi (con comida incluida y 40 minutos para “disfrutar” del monumento), realmente me hizo plantearme si la ciudad tendría tan poco que ofrecer, y si el acoso al turismo sería tan acusado como se decía. El primero de estos interrogantes no tardaría en ser respondido; el segundo, tampoco.

Primer día: Barrio musulmán y Sikandra

La primera mañana la dediqué a explorar los alrededores de mi hotel, situado en Taj Ganj, un barrio junto a las murallas del Taj Mahal lleno de tiendas de souvenirs, restaurantes más o menos baratos y hoteles para bajos presupuestos. Una vez más, encontrar alojamiento en una casa particular me resultó imposible, a pesar de que yo venía con la ingenua idea de que, al tratarse de un lugar tan frecuentado por el turismo, no faltarían las mentes abiertas aficionadas al couchsurfing. No tardaría en probar en mi propia piel los dañinos efectos de la mentalidad comerciante que, como un cáncer, pudre los cerebros de sus habitantes y hace imposible establecer demasiados vínculos con ninguno de ellos.

P2094085

El hombre mas simpatico de todo Agra: nunca antes me habian saludado tan efusivamente mas de cinco veces al dia

Desde ahí caminé hasta el barrio musulmán, en el centro de la ciudad, formado por cientos de callejuelas que se enredan en torno a una gran mezquita sin demasiado encanto. Por el contrario, el barrio en sí mismo bien vale una mañana, especialmente por las llamativas carnicerías en cuyos escaparates se exhiben, colgadas de ganchos, impresionantes piezas de carne como hasta ahora no había visto en ninguna otra ciudad de India (al menos, no expuestas al público tan explícitamente).

P2043556

Adivina, adivinanza...

Teniendo en cuenta que la religión musulmana prohíbe el consumo de cerdo, en un primer momento me incliné a pensar que se tratase de cordero (animal que, junto con el pollo y es pescado, constituye la base de la dieta no vegetariana del país), pero al preguntarlo, uno de los vendedores me aseguró que era vaca. Yo no quise creerlo, pero al fin y al cabo, lo verdaderamente interesante de su respuesta no es que el hombre mintiese o dijese la verdad (o entendiese mi pregunta) sino el hecho de que se atreviese a afirmar con tal rotundidad esa “barbaridad”, a un metro de distancia de su vecino hindú. Finalmente, otro chico más avispado me explicó que el animal en cuestión es el búfalo, a cuya carne la creencia popular atribuye efectos beneficiosos en la vida sexual.

P2043555

Callejeando por el bazar

P2043554

Personajes pintorescos de Agra

La visión de tanta carnicería me había dado hambre, de modo que regresé a mi barrio a almorzar, para lo cual escogí un coqueto y turístico restaurante frente a la puerta este del Taj Mahal, que a pesar de su estratégica situación se encontraba completamente vacío. Allí entablé conversación con el dueño, un hombre de unos 45 años que se me presentó como Nikky (uno de sus numerosos nombres, según él) y que, mientras fumaba un porro tras otro, me contó prácticamente toda su vida. Además del restaurante y otra pequeña tienda adyacente, su principal fuente de ingresos es la compra-venta de marihuana, opio, cocaína y cualquier otra droga que se os pueda pasar por la cabeza (y que, a excepción de la marihuana, asegura que no prueba). Con estos trapicheos afirma haber llegado a acumular una pequeña fortuna que guarda en un banco suizo.

“Nikky” se ha casado cuatro veces: las dos primeras, con una japonesa y una israelí, relaciones que duraron más bien poco y de las que se había separado limpiamente, sin ningún trámite legal de por medio. A día de hoy, conserva sus dos últimas esposas: una australiana con la que lleva más veinte años y con la que tiene cuatro hijos, y por último, una joven india de 19 años con la que ha tenido una hija hace poco. Una vez al año, su familia australiana al completo viene a verle y, junto a su mujer e hija indias, se dedican a viajar por el país. Todos juntos. Tan extraordinaria biografía debe ser naturalmente cogida con pinzas, pero he de admitir que tal profusión de detalles y convicción al contarlo le convierten, cuanto menos, en un tipo interesante.

P2043700

Nikky: el fenomeno de la ciudad

Por la tarde me acerqué hasta Sikandra, una localidad a doce kilometros de Agra, en la que se encuentra el colosal mausoleo del emperador mongol Akbar, constructor del Fuerte Rojo y abuelo de Shah Jahan, quien fuera artifice del Taj Mahal.

P2063753

Entrada al conjunto funerario

P2063760

Ya la entrada impresiona, debido a los cuatro gigantescos e incluso desproporcionados minaretes que coronan la puerta de acceso. Pasada ésta, se accede a un bonito jardín lleno de ciervos, a los que no está permitido acercarse, excepto para las parejas indias de recién casados que, acompañadas por un fotógrafo, acuden hasta allí para hacer su álbum de boda.

P2063761

P2063766

Pareja de novios inmortalizando su amor

P2063778

Esa manita...

Al final del paseo se erige, imponente, el mausoleo. La primera vista hace pensar que se trate de un edificio algo tosco, sin embargo, al observarlo con detenimiento, enseguida se percibe cómo el detalle con el que ha sido trabajada la piedra aumenta progresivamente desde los pisos inferiores, en gres rojizo, hasta la parte superior, de un hermoso y brillante mármol blanco. La fachada parece un intento de aunar armoniosamente los estilos árabe, hindú y budista, algo que encuentra explicación en la visión y filosofía del monarca, quien durante su reinado trató de instaurar la tolerancia de culto, e incluso crear una nueva religión que uniese todas.

P2063782

P2063786

Tras entrar al interior al edificio y ver las tumbas, tanto del emperador como de sus mujeres e hijos, emprendí el camino de vuelta a Agra. Una agotadora hora de autostop para recorrer los doce kilometros que me distanciaban de la ciudad termino de proporcionarme un profundo cansancio que a duras penas me permitio subur a cenar a una de las numerosas terrazas con proximas al Taj, para una primera y parcial vista de la maravilla…

P2084069

Terraza con vistas

Segundo día: Desde el Fuerte Rojo hasta el otro lado del Yamuna

El segundo día no me moví de Agra. Por la mañana caminé los aproximadamente dos kilómetros que hay desde mi barrio hasta el Fuerte Rojo, y dediqué la mañana entera a su visita. Aunque llevo casi dos meses sin parar de ver fuertes y palacios, hasta el punto de estar comenzando a perder ligeramente el interés por los mismos, debo reconocer que el Fuerte de Agra constituye una excepción.

P2043460

Muralla y puerta de acceso al Fuerte

El palacio principal, construido a mediados del siglo XVI por Akbar El Grande, ha sido lugar de residencia para cuatro generaciones de mongoles, quienes lo fueron ampliando sucesivamente hasta dejarlo como hoy día lo conocemos: un conjunto de edificios y jardines cuya belleza y extensión obliga a permanecer en él un mínimo de cuatro horas, si es que se pretende disfrutar plenamente de la visita.

P2043493

P2043507

Mención aparte merecen los jardines, donde resulta de lo más agradable sentarse con un libro a la sombra de un árbol; así como el harén, donde se asegura vivían más de 5.000 mujeres, en apartamentos individuales, y a las que Akbar pagaba una mensualidad que iba de las 1.000 a las 1.600 rupias, por sus servicios, ¡todo un capital para la época!

P2043524

La leyenda más romántica de todas las referentes a este edificio cuenta que Aurangzeb, el sucesor de Shah Jahan, encarceló a su padre durante los últimos años de su vida en una de las torres del palacio, desde donde pudo observar el monumento donde descansaba su amada esposa, hasta el día de su propia muerte.

P2043479

Vista desde la torre de Shah Jahan

Tras esta visita continué mi paseo hacia el otro lado del río Yamuna. Son otros tres o cuatro kilómetros, en el transcurso de los cuales puede vislumbrarse, a mayor distancia, pero también con más perspectiva, el Taj Mahal, además de otras muchas estampas de la vida más cotidiana y ajena al turismo que enturbia el centro de la ciudad.

P2043564

Una de las numerosas bandas de musicos de la ciudad en proceso de ensayo

P2043573

Inocencia interrumpida

P2063804

Imagen habitual en India: durmiendo en los lugares mas inverosimiles

P2063808

Vista del Taj a lo lejos, durante el paseo

P2043575

Joven jugando junto al puente de Agra

P2043579

Vista desde el puente: hora de hacer la colada

P2043581

Una vez cruzado el puente de Agra, siguiendo la orilla hacia la izquierda, llegué a Itimad-ud-Daulah, el mausoleo de Mirza Guiyas Beg. Este personaje no es otro que el padre de la esposa del emperador Jahargin (hijo de Akbar y padre de Shah Jahan), previamente ministro del mismo emperador, por lo que podría parecer que históricamente, no tiene tanta importancia. Sin embargo, bastan apenas unos minutos frente al mismo para darse cuenta de su belleza y, sobre todo, del innegable parecido que su estructura guarda con el Taj Mahal.

P2043616

Fachada del "Baby Taj"

Considero bastante acertado visitar este pequeño monumento antes que la famosa maravilla, ya que, en caso contrario, es inevitable que el esplendor del Taj haga sombra a su “abuelo menor”, cuando tampoco es que éste tenga desperdicio alguno: aunque menos espectacular que el Taj (evidentemente), sus grabados e incrustaciones de piedras semipreciosas, además de la decoración en marquetería de mármol de colores (el Taj está hecho excluidamente en mármol blanco) compiten en belleza con las de su sucesor, por lo que popularmente se le conoce con el nombre de “Baby Taj”.

P2043599

Frente a él, en la otra orilla del río, pude observar las chimeneas de algunas de las fábricas abandonadas, a principios de los años noventa, debido a la decisión tomada por el gobierno indio de cerrar más de doscientas fábricas en Agra, con el objetivo de prevenir el deterioro que la contaminación atmosférica estaba ocasionando en la fachada del Taj Mahal. Por este mismo motivo, la zona circundante al monumento también se encuentra cerrada a los vehículos de motor; en teoría, en un radio de cuatro kilómetros, aunque tengo mis dudas sobre ello…

Continuando por ese lado del río, a menos de un kilómetro del “Pequeño Taj”, se encuentran algunos monumentos menores como Chini-ki-Rauza, otro mausoleo erigido en memoria de un ministro (en este caso, el de Shah Jahan), lamentablemente en peor estado de conservación, pero cuya visita vale la pena no sólo por aprovechar el camino andado, sino también al tratarse de un lugar tranquilo y agradable donde descansar un rato en compañía de los numerosos niños de la zona, que lo emplean como zona de juegos y donde, al ser visto, es fácil quedar retenido durante más de una hora entre sus risas, bromas, y su curiosidad por ser fotografiados.

P2043639

Improvisada zona de juegos

P2043643

Foto, foto!

P2043647

P2043635

Descansando en paz...

A pesar de no ser más de las cuatro de la tarde, el anochecer estaba al caer, y debía darme prisa si quería desandar el camino recorrido hacia la izquierda del puente, y caminar otro tanto hacia el otro lado, siempre en la orilla opuesta al Taj Mahal: cuatro kilómetros más para disfrutar de una casi completa vista del monumento desde su parte trasera, y asistir a una puesta de sol para la que no tengo palabras. Mención aparte merecen las mujeres que conversan a orillas del río, y los niños que corren y juegan, ajenos al espectáculo que se desarrolla ante sus ojos. Después de eso (pensé yo) difícilmente podría impresionarme la entrada desde la puerta principal. Qué equivocada estaba.

P2043686

A mi me importa todo un...

P2043687

Puesta de sol desde la otra orilla

Tras nueve horas y doce kilómetros de caminata desde que me había levantado esa mañana, regresé a mi hotel en rickshaw, donde me duché antes de reunirme de nuevo con mi amigo Nikky, quien continuó deleitándome con su extravagante visión del mundo. Esta vez, la historia de cómo seis extraterrestres aterrizaron hace menos de un año en Estados Unidos, desde donde han establecido su campo de operaciones antes de conquistar el planeta: el gobierno lo sabe, pero no nos lo quiere decir; podéis buscarlo en Internet. Un tipo interesante, sin ninguna duda.

Tercer día: 46 kilómetros de autostop hasta Fatehpur Sikri

El tercer día lo empleé en hacer una excursión a la que tenía muchas ganas: Fatehpur Sikri, conocida como la ciudad fantasma de Akbar el Grande.

Se encuentra a unos 46 kilómetros de Agra, lo que podría ser poco más de una hora de trayecto en autobús, pero debido a mis transportes alternativos tardé más de dos horas en llegar a ella, ya que hube de coger más de cuatro coches y furgonetas diferentes hasta que, finalmente, un amable conductor turístico que en esos momentos no tenía clientes y se dirigía hacia allí, se ofreció a llevarme.

P2073920

Edificios derruidos de la ciudad antigua

P2073902

Esta visita resulta especialmente mágica por varios motivos. En primer lugar, su historia: se dice que Akbar el Grande, que llegó al trono a la edad de 13 años, habiendo cumplido los 26 aún no tenía aún descendencia. Desesperado, acudió a la colina de Sikri, donde vivía un ermitaño (llamado Shaikh Salim Christi) cuya sabiduría era proverbial, y cuya bendición le trajo ni más ni menos que tres hijos. Agradecido, decidió establecer la nueva capital de su imperio en este lugar; sin embargo, la ciudad de Fahtepur tuvo que ser abandonada poco después de la muerte del monarca debido a las fuertes restricciones de agua de la zona.

Hoy, transcurrido casi medio milenio desde su construcción, aún quedan en pie las murallas, que encierran toda la ciudad antigua (en ruinas, y cuya vista se extiende hasta donde alcanza la vista), el palacio, y la impresionante mezquita; estos dos últimos, objeto de una acertada restauración por parte de la Sociedad Arqueológica de India.

P2073835

Puerta de la Victoria de la mezquita

Nada más llegar, un niño de ocho años (con un excelente nivel de inglés) se me pegó a las faldas y, tras comprobar que no había manera de venderme unas postales, decidió ser mi “guía” durante todo el recorrido. Yo le dejé claro desde un primer momento que no pensaba pagarle por ello, pero Sanee (así se llama), insistió en acompañarme y he de reconocer que terminé por cogerle bastante cariño. Con él aprendí cosas incluso mucho más interesantes que la propia historia de la ciudad, como el funcionamiento de las “guerrillas” entre los niños que compiten por conseguir, a la salida del palacio, el ticket usado de los turistas, que revenden posteriormente dios sabe a quién.

P2073921

Con el pequeño Sanee

P2073913

Niños de la zona emplean las ruinas como campo de cricket

P2073905

Insisto: se puede dormir en cualquier parte (vigilante cumpliendo con sus obligaciones)

No soy una guía de viajes, así que no voy a detenerme a describir, uno por uno, cada edificio de la ciudad (necesitaría una entrada sólo para ello). Únicamente destacaré la impresionante Puerta de la Victoria que da acceso a la mezquita, de 54 metros de altura y en cuyo arco se alojan decenas de panales de abejas (que a mi me dieron un poquito de asco). Pasada la Puerta: Jama Masjid, o la Gran Mezquita, de la que unos dicen que es una copia de la mezquita de Bibi Khanam, en Samarkandra, y otros, de la mismísima Meca. En cualquier caso, resulta de lo más interesante detenerse un rato en el interior de su patio, observando a los vendedores de colgantes y otros recuerdos, o a los muchos fieles, especialmente mujeres, que se acercan hasta la tumba de Shaikh Salim Christi (en el interior del patio), con la esperanza de que, como hiciese hace quinientos años con el gran Akbar, les conceda la gracia de un hijo.

P2073837

Contrapicado de la Puerta de la Victoria

P2073850

Panales de abejas (y a saber que mas)

P2073873

Sepulcro de marmol del santo en el interior del patio

P2073882

Mientras unos oran...

P2073883

... otros se hacen la foto de rigor.

Tras corretear durante algunas horas entre los edificios de la ciudad antigua (que, por cierto, me gustó mucho más que el propio palacio, tal vez por el cansancio que había acumulado cuando llegué a él), y darle mi ticket y una pequeña propinilla a mi amigo Sanee (quién quedó más contento que unas pascuas, mientras, por mi parte, yo me preocupaba por la decena de niños que nos rodeaban dispuestos a tirarse a la yugular del pobre chiquillo en cuanto yo me diese la vuelta), emprendí el camino de vuelta a Agra. Apresurándome mucho aún pude ver los últimos coletazos de la puesta de sol desde una de las esquinas del Taj. Ahora sí, estaba más cerca que nunca.

P2053704

Parte trasera del Taj (atencion a las montañas de desperdicios)

Cuarto día: Entrada en el Taj Mahal.

Son muchas las historias que versan en relación a la construcción de este inigualable monumento al amor; de todas ellas, sólo una es completamente cierta: Shah Jahan, desolado tras la pérdida de Mumtaz Mahal, su esposa y musa, fallecida trágicamente de parto en 1631, juró construir un monumento en su memoria sin igual en el mundo entero. Para ello, hizo venir a más de 20.000 trabajadores desde todos los rincones de India, Asia Central e incluso Europa, que durante veinte años trabajaron sin descanso en su levantamiento.

P2084061

Una vez terminado, el monarca comenzó la construcción de otro mausoleo idéntico en mármol negro, para sí mismo, en el otro lado del río; pero su hijo Aurangzeb, que no estaba dispuesto a continuar siendo testigo de como su padre se fundía su herencia en semejantes estridencias, le mandó encarcelar (como he comentado anteriormente en la visita al Fuerte Rojo), y cuando su Shah Jahan murió, instaló su cenotafio en el interior del Taj, junto al de su esposa, rompiendo de este modo la perfecta simetría de todo el conjunto funerario.

A partir de aquí, las leyendas son muchas y variadas: unos dicen que, el día que Mumtaz Mahal falleció, el cabello del monarca se volvió gris de la noche a la mañana; otros aseguran que, como Shah Jahan creía que ninguna persona sería capaz de concebir un monumento a la altura de su dolor, mandó traer a un arquitecto persa, e hizo matar a su prometida; por último, están quienes afirman que, una vez terminado el monumento, se cortó las manos de todos aquellos que habían trabajado en él, para asegurarse de que tal obra jamás pudiese repetirse.

P2084052

Leyendas aparte, la sensación que recorre la espalda de aquel que entra por primera vez en los jardines del Taj Mahal, tiene difícil descripción. A pesar de llevar cuatro días viéndolo desde todos los ángulos posibles, la puesta en escena (sin duda alguna, perfectamente planificada) que se desarrolla desde el momento en que se cruza la primera de las murallas que lo protegen y comienza a adivinarse parte de su estructura a través del segundo arco de entrada, es de una genialidad difícilmente superable.

P2083934

Una vez atravesada esta segunda puerta, el Taj aparece casi de golpe: imponente, glorioso, macizo y, al mismo tiempo, casi etéreo. La plataforma de mármol blanco sobre la que se alza, y el reflejo de su estructura sobre el agua del estanque que lo precede, provocan la ilusión de que el edificio flotase en el aire.

P2083985

A mi, personalmente, lo que más me conmovió fue la sensación que tuve, durante unos largos segundos, de que en ese preciso lugar terminase el mundo. Realmente, está construido de tal manera que no se ve absolutamente nada de los campos o el río que hay a sus espaldas, y parece que, tras el paseo que conduce a él y el propio edificio, no existiese nada, que toda vida y existencia finalizase ahí, como un pacífico camino hasta el cielo.

P2083987

P2084005

P2084001

P2084023

Una de las cientos de fotos que me vi obligada a hacerme con los turistas indios

N.A: Si he decidido cortar el relato aquí, es porque cualquier anécdota que os pueda contar de las casi cinco horas que permanecí en sus jardines, emborronarían todo lo escrito anteriormente; y cualquier otra curiosidad que pudiese añadir referente a su construcción o arquitectura, ha sido dicha cientos de veces por personas mucho más entendidas que yo, de modo que, por una vez, asumamos nuestras limitaciones y dejémoslo en el aire. Para escribir sobre el Taj Mahal hay que tener mucho valor (y tiempo), algo de lo que, en este caso concreto, creo que carezco: el listón está muy alto. El que quiera más información sólo tiene que teclear en Google y cientos de páginas podrán darle datos muchos más precisos y fiables que los míos. Por mi parte, y modestamente, sólo puedo remitiros a mis fotografías, que aunque no sean tan espectaculares como las de National Geographic, tal vez os hagan un poquito partícipes de mi experiencia personal en uno de los lugares más hermosos del mundo. Estarán colgadas en su álbum de Flickr próximamente (para no variar, el retraso sufrido estos días se ha debido a un apagón en toda la ciudad de Agra, problema que ya me asaltó en Haridwar y que parece decidido a perseguirme durate todo el viaje).

P2083949





El río se viste de fiesta

3 02 2010

Cuenta uno de los numerosos mitos hindúes que, muchos años antes de que el universo tomase forma y los seres humanos poblasen la tierra, dioses y demonios se aliaron temporalmente para batir el océano primigenio de leche y crear el amrita (o néctar de la inmortalidad) y compartirlo. Sin embargo, cuando el dios Dhanvantari surgió de las aguas llevando en sus manos una kumba (vasija) con el preciado líquido, los demonios la robaron y huyeron con ella, siendo perseguidos por los dioses en una batalla que duró doce días y doce noches divinas, equivalentes a doce años humanos.

En ese trajín, algunas gotas de amrita cayeron en cuatro lugares de India: Praiag, Haridwar, Ujjain y Nasik, motivo por el cual, cada tres años, estas ciudades sagradas se turnan para festejar tal acontecimiento. En Praiag, cada ciclo de doce años, tiene lugar el Maha Kumbha Mela (“fiesta de la gran vasija”), al que acuden millones de personas, haciendo de él el mayor peregrinaje del mundo.

Tras el último Kumbha Mela, celebrado en Praiag en 2007, este año le tocaba el turno a la ciudad de Haridwar. La fecha exacta de los festejos viene determinada por métodos astrológicos, pseudociencia que en este país afecta a todos los ámbitos de la vida. Según los astrólogos, el Kumbha Mela en Haridwar debe celebrarse cuando Júpiter está en Acuario, el Sol en Aries, y la Luna en Sagitario, lo que indicaba que, este año,  los festejos comenzarían el 14 de enero, prolongándose hasta abril. Estando yo en el país, ¿me lo iba a perder?

P1222844

La primera impresión que tuve de Haridwar al adentrarme en el concurrido bazar que discurre paralelo al río, fue la de encontrarme en una especie de exótico Lourdes oriental, debido a la infinidad de tiendas de mālās (rosarios), estampitas, prasad (una especie de insulso arroz inflado que se usa como ofenda a los dioses), y todo tipo de artículos religiosos que acaparan la atención de los cientos de fieles que se dan cita en la ciudad. Entre todos los comercios, llaman especialmente la atención aquellos dedicados exclusivamente a la venta de botellas y garrafas de plástico, con el objeto de ser llenadas con agua del Ganges (o Ganga, si empleamos el auténtico nombre indio), ya sea para realizar ofrendas o para lavarse con ella.

P1222791

P1222803

P1222806

P1222811

Sin embargo, al contrario que en la localidad francesa, en Haridwar se respira un ambiente festivo, no sólo por la fecha en que estamos, sino también porque aquí la gente viene con alegría, convencida de que, tras sumergirse durante unos minutos en las gélidas aguas del río sagrado, su karma quedará limpio de todo pecado. La creencia popular acerca de los poderes curativos del Ganga alcanza aquí valores superlativos, ya que es en esta ciudad donde el río sale de las montañas y penetra en los llanos. El lugar exacto donde esto sucede, y centro neurálgico del misticismo religioso de la ciudad, es el ghat Har-Ki-Pairi (“escalera de dios”), donde además se encuentra, marcada en una piedra, la que se afirma es la huella del pie de Vishnu.

P1222834

Por todo esto, Haridwar es un importante centro de peregrinación al que, durante todo el año, desde las cimas del Himalaya, el golfo de Bengala, el desierto del Thar…, en definitiva, desde todos los puntos del país, acuden miles de peregrinos. En estos días, la cantidad de gente se multiplica, ya que es creído que, durante el tiempo del Kumbha Mela, el agua del Ganga está cargado positivamente con radiaciones electromagnéticas del Sol, la Luna y Júpiter, el flujo de las cuales varía de acuerdo a las posiciones y fases de la Luna, y también en función de los desplazamientos del Sol. Estas variables marcan también unas fechas exactas en las que esa energía tiene más fuerza, que es cuando se celebran los baños principales, tres de los cuales son llamados “Baños Reales”. El primero de estos no será hasta el 12 de febrero, fecha que queda muy lejana en mi calendario (no puedo permitirme permanecer aquí tanto tiempo); sin embargo, el 30 de enero iba a tener lugar uno de los baños grandes, y a ese día sí que podía esperar.

P1222818

Adentrandome en la multitud

La primera vez que uno ve el Ganga, es difícil no quedarse unos minutos paralizado con la boca abierta. La cantidad de personas que se acumula a sus orillas y en los ghat es algo que impresiona: gurús hablando a grupos de atentos discípulos; jóvenes muchachas, venidas desde Mumbai, sumergiéndose en las aguas con sus preciosos y caros sarees; filas de barberos cortando el pelo y la barba a los hombres en el momento; familias enteras sentadas en las escaleras, comiendo dhal y chapati casero traído en grandes bolsas de plástico… Es difícil caminar dos o tres metros sin pararse a mirar en todas direcciones, del mismo modo que resulta imposible tratar de verlo todo, de quedarse con todo, de modo que la opción mas acertada es, simplemente, meterse entre la multitud y dejarse llevar…

P1222841

P1222825

También nosotros somos una atracción para ellos: cada dos pasos alguien me para y, educadamente, solicita poder hacerse una foto conmigo, tras la cual viene una foto con el amigo, el primo, la hermana, y con toda la familia. Me asusta pensar cuántas de estas fotografías terminarán en el salón de alguna casa.

Esto es algo de lo que no había hablado antes, a pesar de ser algo muy común en India. Para entenderlo, debe tenerse en cuenta que no sólo les llamamos la atención por el color de nuestra piel, nuestro cabello, o por la vestimenta que llevamos. Para muchos indios, el salir de las fronteras del país es un sueño que en contadas ocasiones llegará a realizarse. Para la mayoría de la población, un billete de avión a Europa o  América, es un lujo inaccesible, por lo que sus viajes se limitan al interior de sus fronteras, y su manera de conocer mundo es a través de los turistas que vienen a India, a los que no dudan en hacer fotos, hablar, y pedir cosas tan simples como monedas o sellos de nuestro país de origen, que coleccionan.

P1222874

Otra situación curiosa que se repite es la del indio que quiere que le hagan una foto a él mismo. Por ejemplo, una tarde que paseaba por el ghat y me paré a tratar de hacerle una foto a una vaca que comía de la basura, noté la presencia de un hombre detrás de mí, que pacientemente esperó a que terminase de sacar la fotografía, tras lo cual se acercó y, muy serio, me preguntó si podía fotografiarle a él con el Ganga de fondo. Le dije que sí, y el hombre se colocó bien el gorro, y muy firme se situó frente al río. Una vez hecha la fotografía, y sin ningún interés por verla, el hombre me agarró efusivamente con ambas manos, me miró fijamente a los ojos diciéndome: “¡thank you, thank you!”, y se fue. Cosas de India.

P1222885

Su sueño: ser fotografiado

Hablando de anécdotas, no puedo dejar de mencionar un suceso menos gracioso que tuvo lugar en mi segundo día en Haridwar. No sé si sabéis que, aún ahora, existe en India un temor bastante generalizado a sufrir un ataque terrorista por parte de Pakistán. Ya había tenido la oportunidad de comprobarlo en Pushkar, donde las redadas de policía eran constantes, pues se había interceptado una llamada al país vecino desde un teléfono satelital (reservados al gobierno), y se creía que un pakistaní había llegado a la ciudad con la intención de poner una bomba. Si en una ciudad como Pushkar se desata esa histeria por una simple llamada de teléfono, os podéis imaginar el control que hay en una concentración de personas como el Kumbha Mela: policias cada diez metros, perros, controles…

P1303449

En una de esas, cruzando un puente hacia el ghat, un policia me para y, tras pedirme toda la documentación, me dice que no puedo pasar porque hay aviso de atentado. A partir de ahí, nos desalojan  todos y nos hacen esperar en otro de los puentes, mientras el paseo que hay entre las dos orillas se llena de policias, militares, geos… Dos de ellos cogen la bolsa donde, se cree, está la bomba y, ayudándose con un bidón, la apartan un poco. Primero envían a un perro, tras lo cual se acerca el experto de turno y comienza a manipular la bolsa… Tras tres cuartos de hora de tensión (y algo de aburrimiento), el hombre dice que no hay peligro, y la gente se apresura a correr hasta el bidón para ver con sus propios ojos el artefacto que ha provocado tanto alboroto.

P1232972

Multitud expectante

P1232975

Todo bajo control...

P1232973

Yo no me acerco mucho, no vaya a ser que...

Volviendo a las impresiones recibidas a orillas del Ganga, debo decir que la vista que, al caer la noche, ofrece la ciudad estos días de Kumbha Mela, es aún más espectacular que la diurna, si cabe. Al ponerse el sol, Haridwar se viste de fiesta, y todos los puentes y edificios que rodean los ghat se iluminan en un auténtico derroche de luz que podría competir con la iluminación de la Gran Vía madrileña en el mes de diciembre.

P1222934

P1222923

Una hora antes de ponerse el sol tiene lugar en Har-Ki-Pairi la ceremonia del fuego. Ésta puede verse desde la otra orilla del río, o bien desde el mismo ghat, aunque para ello sea necesario descalzarse y discutir duramente con los indios que tratan de recoger “donativos voluntarios” con cualquier excusa. La ceremonia dura aproximadamente una hora, durante la cual se arrojan al río hojas de banano, sobre las que se depositan ofrendas en forma de flores y velas. Mientras tanto, decenas de fieles alzan lámparas de barro, cantan, oran e incluso algún shadu baila y salta, medio desnudo y cubierto de ceniza, en una especie de trance histérico.

P1222891

P1222907

Mi consejo para quien venga a esta ciudad es que le dedique por lo menos cuatro o cinco días  y la viva de verdad. Es pequeña, por lo que no tardará de reconocer a la gente por la calle, y sobre todo, de ser reconocido, algo que se agradece y permite estrechar lazos con sus habitantes. Hay alguna otra visita típica que no puedo dejar de mencionar, como la subida al templo de Mansa Devi (en teleférico o a pie) pero, sinceramente, exceptuando la hermosa vista de la ciudad y el río que desde lo alto de la colina puede contemplarse, el templo en sí mismo a mi no me dijo nada. Es bastante reciente, y parece que el único interés que pueda tener (para paganos como nosotros) sea ver cómo los fieles llegan allí para dejar cantidades insultantes de dinero al pie de las imágenes de sus dioses, o cómo los vendedores de agua, coca-cola y samosas hacen negocio con todos aquellos que hayan optado por hacer la subida de kilómetro y medio caminando. Supongo que es cuestión de gustos, pero personalmente prefiero quedarme en la ciudad y echar unas horas sentada en un bar de la calle hablando con la gente.

P1283353

En mi tercera noche en Haridwar recibí una visita muy especial. Antes de partir de viaje había mantenido correspondencia con Juanjo, un chico malagueño que tenía pensado venir a India en enero y viajar en el país durante cuatro meses. Habíamos intercambiado algunos emails, compartiendo dudas, nervios e informaciones, y quedamos en tratar de coincidir en algún lugar del país, al menos durante un par de días, para conocernos y compartir impresiones.

Esa mañana, Juanjo me había llamado diciéndome que se encontraba en la estación de autobuses de Delhi e iba a comprar un billete para Rishikesh, una localidad a 24 kilómetros de Haridwar, también a orillas del Ganga, conocida como la “capital mundial del yoga”. Al decirle dónde me encontraba, decidió cambiar su destino (o el orden de los mismos), y venir primero a Haridwar. A pesar de estar avisada, teniendo en cuenta que yo no le esperaba hasta el día siguiente, y que no tenía conciencia de haberle dado la dirección de mi alojamiento, la sorpresa fue mayúscula cuando, al regresar a mi hotel tras la cena, me encontré en la puerta con un chico delgadito, con barba de varios días que, cubierto por un gorro y varias bufandas, me saludó con un efusivo “¡Hola Carmen!”.

P1263157

Juanjo regateando con su amigo en Rishikesh

Al día siguiente, junto con Juanjo, puse rumbo a Rishikesh. Ambos queríamos estar en Haridwar el día 30 de enero para asistir a uno de los baños grandes, de modo que una buena forma de “hacer tiempo” era visitando dos o tres días la cercana localidad, para el 29 regresar a Haridwar.

P1253005

La tranquila Rishikesh

Rishikesh es uno de los lugares más hermosos que he podido ver en el tiempo que llevo en India. Situada a orillas del Ganga, se encuentra rodeada por tres de sus lados de verdes montañas que le dan un aspecto idílico, de imagen de postal. Un pequeño oasis que, no por nada, es frecuentado por indios de clase alta, que tienen aquí sus residencias de verano, para pasar la temporada más calurosa. A nivel internacional, Rishikesh se hizo famosa en la década de los sesenta, cuando los Beatles vinieron a pasar unos meses en un ashram en compañía de su gurú, visita que marcó el inicio del despegue de la moda del yoga. A día de hoy, son muchos los turistas (al contrario que en Haridwar, donde cuesta más encontrarse con ellos) que vienen a Rishikesh a pasar varias semanas e incluso meses, con el objeto de dedicarse a la meditación, el aprendizaje del yoga, o asistir a cursos de música, danza, e incluso macramé.

P1263156

También en Rishikesh tiene lugar, al caer la noche, una ceremonia del fuego en los ghat, aunque en este caso se trata de un espectáculo más grandilocuente y preparado que aquel de Haridwar. Monjes vestidos con túnicas granates y espectadores se sientan en las escaleras, a modo de gradas, frente a una gran estatua de Shiva, y los cánticos y oraciones, al igual que en la localidad vecina, se repiten por espacio de una hora. Bajo los escalones, en la parte más cercana al río, tiene lugar un ritual alrededor de una pequeña hoguera, donde monjes, fieles, y algún turista invitado, arrojan pétalos de flores, acompañados por la música de un extraño instrumento, parecido al acordeón (en tanto que es de viento y teclado al mismo tiempo… si alguien conoce el nombre, puede animarse a decirlo).

P1253053

P1253074

P1253062

Toda esta escena es grabada por una cámara de video, y los focos empleados para iluminarlo quitan parte del romanticismo al momento. En alguna ocasión que me levanté para verlo con un poco más de distancia, tuve la impresión de encontrarme frente a un plató de televisión, donde en cualquier instante aparecería el ayudante de realización con el cartel de “aplausos”. Pero, como digo, esto sólo son impresiones…

P1253107

P1253142

Luces, cámara... acción!

Rishikesh me ha parecido un buen lugar para quien quiera tomarse unos días de descanso y, tal vez, dedicarse un poco al yoga o a la meditación. Sin embargo, al igual que en todos los lugares donde veo que la afluencia de turistas supera a la de los locales, no me he sentido a gusto. Tras un día en la ciudad, una vez que se ha recorrido su calle principal tres o cuatro veces, y se ha asistido a la ceremonia del fuego, el turista inquieto por conocer y mezclarse con la gente, se sentirá atrapado como un ratón en una jaula. Afortunadamente, Rishikesh todavía nos tenía preparada una última sorpresa.

Una mañana, paseando por un caminito perdido lejos del centro del pueblo, escuché el sonido de voces infantiles. Al acercarme, di con un colegio, donde estaba teniendo lugar lo que parecía el ensayo general para una obra de fin de curso. Decenas de niños, sentados en el suelo sobre alfombras y moquetas, observaban atentos los bailes que sus compañeros, por turnos, salían a interpretar al frente de todos ellos y sus profesores. Hasta que aparecí yo, naturalmente. En cuanto se dieron cuenta de mi presencia, todas las caritas se giraron hacia mi, y empezaron a señalar, a sonreirme, a cuchichear entre ellos, hasta que al final me entró un poco de apuro, sobre todo por las niñas que estaban bailando, y decidí irme.

P1252985

P1252997

Al día siguiente, Juanjo y yo decidimos hacer una excursión que nos habían recomendado, consistente en un “pequeño” trekking de diez kilómetros montaña arriba, siguiendo un camino que conduce hasta un pueblo perdido en un pequeño valle. En el camino, volvimos a pasar por el colegio donde yo me había colado el día anterior, y esta vez el sonido de las voces y las canciones nos llegó amplificado por medio de un altavoz. Nos acercamos con curiosidad, y al entrar en el patio vimos que estaba teniendo lugar la obra cuyo ensayo había presenciado el día anterior. El motivo: era 26 de enero, Día de la República, y todos los niños estaban vestidos con sus uniformes, arregladitos y peinaditos como de primera comunión.

P1263162

Nuestra intención era permanecer en un discreto segundo plano y disfrutar del espectáculo durante algunos minutos desde una esquinita, pero entonces, el director del colegio se acercó a nosotros y nos invitó (o más bien, nos obligó) a sentarnos a su lado. Asistimos a todos los números; los niños y niñas, antes y después de salir al escenario, nos miraban nerviosos, y sonreían con orgullo cuando les aplaudíamos. Cuando el espectáculo terminó, uno de los profesores fue llamando de uno en uno a algunos de los niños (a los que supusimos los mejores de la clase, o algo así), dándoles como regalo un cuaderno y un boli, que recibían con alegría, tras lo cual se inclinaban y tocaban los pies del maestro, llevándose la mano a la frente en señal de respeto.

P1263174

P1263170

P1263187

Cuando nos íbamos, una profesora nos trajo dos bolsas llenas de dulces y un plátano, y el director habló un rato con nosotros, nos presentó orgulloso a sus hijos, y nos trató con un respeto y una reverencia con la que no me han tratado en ningún otro lugar anteriormente, siempre dirigiéndose a nosotros como “sus invitados”. Juanjo y yo nos mirábamos con la boca abierta, y no dejábamos de preguntarnos qué habíamos hecho nosotros para merecer tanta amabilidad. Finalmente, el director nos invitó a asistir a un “espectáculo cultural” que tendría lugar ese mismo día en el pueblo, a las ocho de la tarde, en conmemoración del Día de la República, invitación que aceptamos gustosamente.

P1263203

Dejad que los niños se acerquen a mi

Cuando conseguimos escapar de nuestros anfitriones (o raptores), comenzamos, esta vez sí, la ascensión de la montaña. Debo reconocer que, aunque empecé con mucho entusiasmo, a los dos kilómetros ya me quería morir del calor y el cansancio (el camino es vertical), pero como no dependía solo de mi, llegué hasta el final. La vista que desde lo alto de la montaña se tiene de Rishikesh y el orgullo de haber completado el recorrido merecieron la pena. Además, en el camino conocimos (además de a los numerosos peregrinos que hacen la ascensión hasta el templo del pueblo para realizar la puja) a Felipe, un chico chileno que estaba pasando esos días solo en la ciudad. Tras visitar el templo y reponer fuerzas en el pueblo, comenzaba a anochecer, de modo que el camino de vuelta lo hicimos en uno de los numerosos jeep que esperan a los peregrinos a la salida del templo, y que por el módico precio de 50 rupias llevan de nuevo a Rishikesh.

P1263208

Empieza la subida...

P1263223

Un pueblo en mitad de ninguna parte

P1263218

Al caer la noche, tras una fría ducha, y aunque estábamos bastante cansados del “paseito”, nos acercamos a la carpa donde el director del colegio nos había indicado que tendrían lugar las celebraciones. El “espectáculo cultural” resultó ser un concurso de talentos, donde participaban todos los habitantes del pueblo, tuviesen talento o no. Hubo números realmente buenos, y otros que más bien provocaban algo de risa; mujeres cantando y bailando canciones populares de diferentes regiones y estados de India, chicos jóvenes bailando temas de Shakira con una coreografía que ya quisiese para sí Poti, e incluso un fantástico imitador de Michael Jackson. Todo bajo la atenta mirada de un jurado formado por miembros honorables de la comunidad (supongo que, entre otros, el alcalde y su familia, por los honores con que fueron recibidos) y de todos los vecinos, que no dudaban en reír a carcajadas cuando el número era malo, o aplaudir efusivamente a sus ídolos locales (como el Michael Jackson). Tal vez os parezca un detalle sin importancia, pero a mi, lo que más me conmocionó, fue ver a tanta gente (TANTA), de todas las edades, reunida bajo un mismo techo y disfrutando como niños durante más de cinco horas, sin alcohol, cigarros o una triste cervecita para acompañarlo. Eso en España es casi inimaginable.

P1263321

P1263292

P1263246

P1263286

Al día siguiente, Juanjo se fue. Ambos sabíamos que habíamos explotado al máximo nuestra estancia en Rishikesh, y él quería continuar su camino hacia Amritsar. Yo decidí quedarme un día más, empeñada como estaba en asistir al baño del día 30 en Haridwar. El día 29 regresé a la ciudad sagrada en autoestop, una manera de moverme a la que estoy cogiendo el gustillo, ya que permite conocer a personajes a cada cual más pintoresco. En esta ocasión, para recorrer los 26 kilómetros que separan ambas localidades, tuve que hacer uso de dos vehículos diferentes: primero, una camioneta que accedió a llevarme en la zona de carga hasta la salida del pueblo; después, el coche de lujo de una pareja joven de clase alta, que me llevaron todo el camino escuchando la discografía completa de Vengaboys. Una experiencia.

P1283339

Autoestop en las montañas

Me alegré de haberme quedado. No hay mucho más que pueda añadir sobre Haridwar en esos días, o al menos, nada que pueda expresarse con palabras: el Kumbha Mela es algo que hay que ver y sentir. Digamos que lo que allí pude vivir esos dos últimos días, fue “más de lo mismo”, pero con más gente. Muchísima más gente. Y muchísimos más controles. No sólo por el miedo a un posible atentado: hablando con uno de los policías descubrí que otro de los temores que en estas fechas ensombrecen las celebraciones son las previsiones de un gran número de suicidios, debido a la creencia de que morir a orillas del Ganga libera a la persona del ciclo de las reencarnaciones, lo que hace que muchos fanáticos se acerquen hasta aquí con éste propósito. La policía no me permitía moverme ni dos pasos en línea recta sin querer desviarme hacia la otra punta de la ciudad, ya que el acceso a los ghat estaba imposible. Las masas humanas, vistas desde lo alto, harían estremecerse a la más inmutable de las personas: parecía un enorme éxodo bíblico, excepto por el detalle de que, en esta ocasión, en lugar de huir lo que se intentaba era “entrar”.

P1303431

Abran paso...

P1303435

P1303437

Pero, como dice una frase popular india: “sab kuch milega” (todo es posible), e incluso en medio de esa vorágine, el destino quiso que me encontrase de nuevo con Felipe, el chileno al que Juanjo y yo habíamos conocido un par de días atrás en Rishikesh. Con él compartí esas últimas horas en la fiesta santa, recorriendo los campamentos de shadus donde los devotos reciben sus bendiciones, y asistiendo al desfile que se celebró al caer la noche, cuando las caravanas de shadus y hombres santos abandonan la ciudad tras el baño, para regresar a sus ciudades de origen, acompañados por orquestas de músicos ataviados con sus brillantes uniformes.

P1283363

Felipe enamorado del cine de Bollywood

P1303402

P1293371

P1293385

Cuando el desfile hubo terminado, también yo regresé a mi habitación a preparar mi mochila para el viaje que me esperaba al día siguiente. Tras algunos infructuosos intentos por conseguir una conexión a Internet para escribir esta crónica (no había electricidad en la mitad de la ciudad debido a la iluminación del río y el desfile), me fui a la cama, pensando en el destino que me esperaba: un lugar donde se halla el monumento más grande al amor jamás construido…

P1253051

La vaca de mi vida





2374 kilómetros de distancia de sur a norte. Segunda parte.

21 01 2010

Abandoné Pushkar en un autobús con mis amigos argentino y uruguayo, ya que ellos se dirigían también a Delhi, desde donde tenían que coger un avión, un par de días después, a Barcelona.

P1142535

Removiendo conciencias (muro de un colegio)

100_3098

Fotografia de la fotografa

Ese día en la capital lo pasamos juntos, visitando el templo sij, que me sorprendió enormemente tanto por su belleza, como por la afluencia de fieles que constantemente entran y salen del recinto. Para entrar en él hay que descalzarse, limpiarse los pies  y cubrirse la cabeza, tras lo cual el primer paso es dirigirse hacia el estanque y tocar el agua, de la que se cree tiene propiedades curativas, motivo por el que siempre hay alguien bañándose (incluso ahora, con el frío que hace).

P1142538

Estanque del templo sij

P1142540

Un chapuzon fresquito

Una vez hecho esto, se entra en el templo, en cuya puerta un voluntario sij te da una especie de compota de fruta con una hoja a modo de cuchara. Dentro del templo, las personas se distribuyen alrededor de una gran sala, donde oran y meditan (y comen compota, aunque algunos lo guardan para la salida, o incluso se lo llevan a casa) al son de los cánticos de tres sacerdotes que repiten sin parar la lectura del libro sagrado, el Guru Granth Sahib.

P1142552

Lo primero, arrodillarse

P1142557

Sacerdotes cantores y maestro de ceremonias

P1142543

Una parte de la sala

Almorzamos allí mismo, en el comedor gratuito (algo que explicaré a continuación, con el inigualable marco de Amritsar de fondo), donde nos sirvieron un thali abundante, con posibilidad de repetir hasta que no pudiésemos más (pero cuidado de no dejar nada en el plato, ya que es considerado una grave ofensa).

P1142561

Sij y no-sij unidos con un mismo objetivo: comer gratis

Comer en un comedor sij es algo que hay que hacer una vez en la vida (o, por lo menos, verlo). Es increible cómo,  a pesar de la cantidad de gente que se amontona en la puerta aguardando su turno, todo está perfectamente sincronizado: mientras un grupo (compuesto por unas 250 personas) come, las personas que van llegando se sientan en la entrada y, dirigidos por uno de ellos, se preparan recitando sus oraciones. Cuando todo el comedor ha terminado, tres o cuatro sijs, equipados con máquinas de limpieza, se apresuran a pasar por todas las filas antes de que el siguiente turno entre y se siente. Y así, no se sabe cuántas veces a lo largo del día.

P1142562

Llega la comida...

P1142563

Cinco minutos para dejarlo todo impecable

Tras la comida, Osvaldo, Nico y yo volvimos a Pahar Ganj, paseamos un rato y les acompañé a hacer sus últimas compras antes de despedirnos para que cada cual siguiese su camino.

Al día siguiente, sola de nuevo, puse rumbo a Amritsar, en el estado de Punjab, y considerada la capital espiritual del sijismo. A mi llegada, sobre las ocho de la tarde, la ciudad me recibió con frío y una espesa niebla, que no se iría hasta esta mañana (cuatro días después, y a pocas horas de irme).

P1192710

Bienvenidos al mundo sij

Los sijs, como ya señalé en aquella pequeña introducción hace tiempo, se caracterizan por su sentido de la solidaridad, algo que ya empecé a atisbar en Delhi, pero de lo que no he sido plenamente testigo hasta ahora. Para empezar, en los alrededores del Templo Dorado (el principal centro de atención turístico y religioso de la ciudad) abundan los “hogares para peregrinos”, regentados por un gurú, y donde se ofrecen de manera completamente gratuita esterillas, edredones, mantas, y unas duchas y servicios limpios como no he visto en ningún otro lugar de India. Sin embargo, mientras los indios duermen en un enorme patio, a cielo abierto, alrededor del cual se distribuyen el resto de dependencias,  para los extranjeros tienen preparado unos dormitorios comunitarios aparte, e incluso habitaciones privadas, si se solicita.

P1192773

Peregrinos durmiendo al raso

P1172579

Dormitorios para guiris

La cocina del templo es algo de otro mundo. Allí se prepara (como en Delhi) comida para miles de personas cada día. Está continuamente en funcionamiento, algo que se percibe nada más acercarse, ya que el ruido de las bandejas y los platos es contante. El menú consiste en un thali compuesto por dhal y chapati, aunque según el día o la hora a la que se llegue también puede haber algún otro tipo de puré de zanahorias, arroz con leche, e incluso un chai con galletas de postre.

P1182637

Entrada al comedor ("El señor en si mismo es la granja...")

P1182658

Vista del comedor de Amritsar

La pregunta que, supongo, os estaréis haciendo todos es: ¿quién se encarga de todo esto? ¿quién cocina? ¿quién limpia los platos? ¿quién paga esta comida? La respuesta es tan sorprendente como sencilla: todo el mundo. Como he dicho repetidas veces, para un sij, la ayuda a los demás es, más que un deber, algo que tienen plenamente interiorizado, que les sale de lo más profundo del corazón y con total franqueza. Así, cada mujer, hombre, chico o chica de la ciudad, en cuanto tiene un rato libre, se acerca al templo a aportar su granito de arena, ya sea lavando unos platos, pelando zanahorias o sirviendo las bandejas.

P1182678

Troceadores de zanahorias

P1182696

Voluntarios trabajando en grupo

P1182700

Trabajo duro el de pelar ajo

P1182672

Cantidades industriales de comida para miles de personas

P1182661

.. que se reparte en cubos

Y todo ello, con la mejor de las sonrisas. Incluso si a la persona que tiene que servir es una españolita de chubasquero azul celeste con poca pinta de necesitar de su caridad. Es más, tras tres días yendo a comer allí y no encontrarme con ningún otro extranjero (que, habiendo dormido con ellos, sé que los hay, pero la proporción con respecto a los indios es mínima), creo que para ellos, el que comamos de su comida, y bebamos de su agua (hace tiempo que dejé de “necesitarla” mineral y bebo lo que me echen, estoy inmunizadísima) es algo que les llena de orgullo. Incluso cuando me colé en la cocina dispuesta a fotografiar todo lo que se me pusiese por delante, en lugar de echarme o regañarme por estar molestando, les revolucioné a todos, que dejaron de hacer lo que estaban haciendo para posar para las fotos.

P1182668

Todo tiene que estar limpio

P1182680

Zona de los friegaplatos

P1182685

.. fregando sin descanso ..

P1182694

Un engranaje perfectamemte calculado

Una vez con lugar donde dormir y comer, es momento de salir a la calle. La primera de las visitas obligatorias que deben hacerse en Amritsar es, naturalmente, el Templo Dorado. Éste, cuya arquitectura es una mezcla entre los estilos hindú y musulmán, se encuentra en el centro de un estanque llamado Amrit Sarovar, que da nombre a la ciudad. A él se accede a través de una pasarela de mármol, material del que también está hecho el templo, ya que lo de “dorado” se refiere a la cobertura de la cúpula (750 kg. de oro puro, según dicen). Esta cúpula tiene forma de flor de loto invertida, simbolizando la preocupación de los sij por los problemas del mundo.

P1182619

Templo Dorado entre la niebla

Una vez que se ha accedido a la pasarela, el silencio entre los  presentes es sepulcral. Las fotografías están prohibidas, y todo el mundo, sea sij o no, llega allí con un respeto y una fe ciegas. Durante el tiempo que se tarda en cruzar el puente, puede oírse el aleteo de una moscLa cola es larga para el tiempo que puede permanecerse en el templo. Es tanta la gente que constantemente llega, y tan pequeña la superficie del islote, que no se puede estar más que unos escasos minutos; el tiempo justo para ver a los tres sacerdotes que, como ocurría en Delhi, cantan sin descanso los textos del libro sagrado (lectura que, por cierto, se amplifica con unos altavoces y se escucha en todos los alrededores del Templo).

P1182626

Larga y concurrida cola de acceso

El segundo lugar histórico por ver es Jallianwala Bagh, tristemente conocido por la matanza que tuvo lugar el 13 de abril de 1919, cuando Dyer, un general del ejército inglés, descargó contra 20.000 indios que se manifestaban pacíficamente en contra de uno de los últimos e injustos decretos del gobierno británico, que permitía encarcelar sin juicio previo a cualquier indio sospechoso de sedición.

P1182586

Llama permanente en recuerdo a las victimas de la masacre

P1182592

Cualquier explicacion sobra

Dyer llegó al lugar y ordenó a las personas que se dispersasen, a pesar de que el patio estaba rodeado por un alto muro y no había ninguna salida. Tras esto, mandó a sus hombres abrir fuego, y en menos de seis minutos 337 hombres, 41 niños y un bebé habían muerto, y otras 1.500 personas habían resultado heridas. A muchos se les disparó tratando de trepar el muro, y muchos otros fallecieron al tratar de salvarse saltando a un pozo.

P1182597

Marcas de balas en el muro

Una vez visto esto, además de callejear por la ciudad y visitar otros templos menores como el de Shri Durgiana (una versión hindú y más pequeña del Templo de Oro), sólo me quedaba una cosa por hacer: asistir a la ceremonia de cierre de la frontera indo-pakistaní.

Para ello cogí un autobús en Amritsar que por 15 rupias me llevó hasta Attari, la última población en territorio indio. Una vez allí, la opción más conservadora hubiese sido coger, por unas pocas rupias, un rickshaw hasta la frontera, pero ¿qué encanto tiene hacer lo que hace todo el mundo? Ninguno. De modo que, al más puro estilo Pekín Express, hice un par de amigos que se dirigían a la frontera a por unas telas, y les pedí que me llevasen con ellos.

P1192752

Puesto de fruta y verdura en Attari

P1192757

Autoestop para llegar a la frontera

La ceremonia de cierre de la frontera es un show para el que incluso se han construido gradas. Dura unos 40 minutos, durante los cuales los oficiales de ambos ejércitos hacen un ejercicio de exhibicionismo y orgullo patrio que no deja de ser bastante cómico, alentados por los “hinchas” de cada país, que con banderines y tambores les animan al grito de “Indostán” y “Bharat mata ki” (más o menos… mis conocimientos de hindi no llegan a tanto, pero viene a significar algo asi como “Dios bendiga Indostán”, esto es: la union de ambos paises). Como curiosidad, las gradas de la parte pakistaní estaban prácticamente vacías.

P1202788

"Hinchas" del "equipo" indio

P1202787

Gracias militares

Podría contar muchas mas cosas sobre los sij, pero creo que en este caso las fotografías son mucho mas descriptivas que las propias palabras. Así pues, con ellas os dejo. Esto ha sido Amritsar, y esto ha sido lo más al norte que voy a llegar. Me quedo con las ganas de ver Dharamsala, sede del gobierno tibetano en el exilio, pero visto el frío que hace aquí, ni se me pasa por la cabeza ir hacia el Himalaya ahora. Sólo espero que cuando en Febrero me acerque a Nepal, las temperaturas hayan subido un poquito.

De momento, abróchense los cinturones, porque nuestra siguiente parada es el Kumbha Mela.

Yo estoy con India