Nueva dirección

29 11 2010

www.trajinandoporelmundo.com





Punto. Y seguido…

17 11 2010

Un mes y dos días después de mi regreso, me animo por fin a escribir la entrada final del blog; al menos, la última página de este diario tal y como fue concebido en un principio.

La idea de hacer una especie de epílogo o balance de lo que este viaje ha supuesto para mí la tuve en la cabeza desde el momento en que publiqué el capítulo de Lima: el blog, mi viaje, no podía tener ese final tan “triste”. Sin embargo, ahora que ha pasado el tiempo y que no sólo llevo bastante mejor el regreso, sino que además tengo muchos otros proyectos en mente de cara al futuro, todas esas palabras melancólicas y un poco ñoñas que hace apenas cuatro semanas me hubiesen salido a borbotones, se me han atragantado. Pero como el tiempo apremia, el “nuevo” blog está ya casi listo, y de alguna manera hay que poner un punto (y seguido) a esto, allá va; aunque no sea el broche final con fuegos artificiales y el Auld Lang Syne sonando de fondo que tal vez algunos esperaban.

Chandni Chowk

Primerísima fotografía, en mi primerísimo día en Delhi (diciembre, 2009)

en el desierto del thar

Primerísima fotografía que me hicieron a mí, dos semanas después (desierto del Thar)

Cuando decidí tirarme  a la piscina y emprender este largo viaje, en absoluto sabía hacia donde me llevaría o las repercusiones que una decisión como ésta podría tener en mi vida. No obstante, de alguna manera siempre esperé que la aventura no quedase reducida a un mero episodio de mi biografía personal, y que a la larga me aportase algo más. Y ya lo creo que lo ha hecho.

No voy a soltar un folio sobre lo que una experiencia como ésta hace cambiar tu perspectiva del mundo y de la vida, porque no soy maestra de nada; tampoco quiero enrollarme enumerando todo lo que a lo largo de los últimos once meses he ganado personalmente, ya que no terminaría nunca. Lo mejor que puedo hacer, creo, es resumirlo diciendo que soy mucho más feliz que cuando me fui, y que jamás de los jamases, ni en mis mejores pronósticos, me hubiese aventurado a pensar que iba a volver con el corazón tan lleno.

Holi (5)

Holi Festival en Kathmandú, Nepal (Febrero, 2010)

Refiriéndome a algo muy concreto (yo, mi vida, y mi futuro) y reduciendo mucho (muchísimo) el asunto, sólo me gustaría añadir que lo que podría haber quedado como un paréntesis en el curso natural de mi existencia, ha resultado ser la experiencia vital y fundamental que me ha permitido confirmar el  rumbo hacia el que realmente me gustaría dirigir mis pasos. Por encima de todo, en mi cabeza aún resuena esa gran frase que aprendí en India: “sab kuch milega”; para mí ya no existen los “me gustaría” o “si pudiera”, ahora sólo digo “voy a hacerlo”.

Por eso, no va a haber entrada final con llantos, risas, flashbacks, decenas de imágenes recuperadas de mi hemeroteca personal y conclusiones con pretensiones pedagógicas. Nada de eso. Porque para mí, y aunque tenga que esperar un poquito hasta poder echarme la mochila sobre los hombros de nuevo, el viaje continúa.

Lago Inle - Canales (yo)

Lago Inle, recorriendo Birmania (Abril, 2010)

Así pues, esto no es más que un punto y seguido. Punto, porque creo que este blog, de diseño limitado y creado en origen para cubrir una necesidad muy concreta (relatar un viaje con un principio y un final claramente marcados en el tiempo), debe llegar también a su fin. En primer lugar, porque me gusta pensar en él como el diario de “un” viaje , mi primer “gran viaje”, y me gusta también la idea de poder entrar en él cuando me asalte la nostalgia y quiera revivir los episodios de esta aventura en su formato original. En segundo lugar, porque por los mismos motivos, este blog y su “preciosa” plantilla se me quedan un poco pequeños para lo que pretendo hacer de ahora en adelante.

Sin embargo, y aquí viene la novedad (el “y seguido” del punto), todo el contenido, todas las entradas, están siendo ahora mismo trasladadas a un nuevo dominio, un nuevo blog, más grande, con una estructura diferente y donde espero escribir mis experiencias futuras (y alguna pasada, una cosa no quita a la otra). De modo que esto no es un adiós, sino un hasta pronto: la semana que viene, cuando todo esté preparado, os indicaré (aquí mismo, por Facebook, Twitter o en los posos del café) la nueva dirección donde podréis encontrarme.

Hasta entonces, y estas ya son de verdad las últimas palabras, sólo quiero daros, una vez más, las gracias. Gracias por haberme acompañado todo este tiempo, por haber estado ahí; por vuestro apoyo y vuestros comentarios, que siempre recibí como una bocanada de ánimo, en los momentos buenos y en los que no lo fueron tanto. Gracias por todo, de verdad. Espero veros en el nuevo “Trajinando” y que aún tengáis ganas de acompañarme en los próximos  viajes; a los que no, os recordaré siempre.

FIN

P1222885

He tenido algunos problemas para escoger las pocas fotografías que ilustran esta entrada final... Pero si con una no he dudado, ha sido con ésta. Va por ustedes ;)





¿Cuánto cuesta un viaje de 11 meses alrededor del mundo? El resumen

10 11 2010

La semana pasada prometí hacer (“en las próximas horas”… ejem) un resumen de todos los gastos del viaje. Al final se me empezaron a amontonar tareas, escapadas por aquí, visitas por allá, y como ha quedado visto, no pude cumplir a tiempo. Espero que esta entrada, si bien con algo de retraso, sirva para subsanar mi descuido, recordar que sigo viva y, ya de paso, comunicar que no voy a dejar el blog; de hecho, si hasta ahora no he escrito es porque estoy metida de lleno en determinados proyectos (algunos de los cuales afectarán directamente a este pequeño espacio y a lo que de él espero en el futuro) que confío ir zanjando en los próximos días. Hasta entonces, aquí dejo el resumen prometido.

Quien haya leído las entregas anteriores de mi “cuaderno de gastos” no notará demasiadas novedades: cae por su propio peso que no puedo inventar ningún gasto ni ninguna cuenta más de las que ya he dicho. Por tanto,  con esta entrada lo único que pretendo es hacer un compendio de todo lo anterior, facilitar las cosas a quien de ahora en adelante llegue aquí buscando este tipo de información, y en otras palabras: que todo esté mucho más “recogidito”. El que no esté interesado, puede saltarse este capítulo :P

LAS CUENTAS DEL VIAJE

Gastos previos: 531,4€

493,40€ en un seguro de viaje para 7 meses (contratado con World Nomads, y del que ya hablé aquí) y 38€ en vacunas (su capítulo correspondiente, aquí).

Billetes de avión: 2513,98€

Sin duda, lo que ha encarecido todo el viaje (muy especialmente, la etapa final, que fue la que compré más precipitadamente). No he ahorrado mucho con respecto al precio de un billete “Round the World” de esos que están tan de moda, pero sí un poquillo (un billete más o menos con las mismas “escalas” que yo he hecho yo hubiese rondado, entre pitos y flautas, los 3000 euros). Dentro de lo que cabe, 2513 euros no están mal. Y me atrevo a decir que podría haber gastado todavía menos si los hubiese ido comprando con algo más de tiempo; pero la libertad que he tenido para ir a donde me ha dado la gana cuando me ha dado la gana, no tiene precio…

Resumen de vuelos (a modo de orientación):

Santander – London Stansted (Ryanair): 33,40€

London Stansted- London Heathrow (autobus National Express): 25,57€ (22,5₤)

London Heathrow – Delhi (Gulf Air): 390,84€

Kolkata – Bangkok (Jet Airways): 115€

Bangkok – Yangon – Bangkok (Airasia): 70,50€

Vientiane – Kuala Lumpur + Kuala Lumpur – Jakarta (Airasia): 111€

Surabaya – Medan (Lion Airlines): 85,29€

Medan – Georgetown (Airasia): 35,70€

Singapore – Sydney (Malasya Airlines): 274,39€

Sydney – Santiago de Chile (Aerolíneas Argentinas): 585,08€

Lima – Barcelona (Avianca): 741,63€

Barcelona – Santander (Ryanair): 36,58€

Visados: 221,59€.

De estos no se puede uno escaquear…

Gastos totales en “vivir” estos diez meses y medio (exactamente 311 días): 4085,45€

Lo que significa que he gastado una media de 390€ al mes y 13€ al día.

Eso, contando con el “subidón” de los días que me di a la buena vida en Bangkok y Sydney, o sin irse a esos extremos, los meses pasados en Argentina y Perú (Bolivia no entra en ese lote, sigue siendo un país muy barato), donde el coste de vida ya es algo superior al asiático (por no hablar del asesinato a sangre fría que supone la visita a Cuzco y Machu Picchu). Como bien comentaba alguien en la entrada anterior, de haberme quedado en India, a un ritmo de 9 euros al día (máximo), hubiese podido tirar con este mismo presupuesto otro año más… Y sin llegar a tanto, si sencillamente no me hubiese movido de Asia, evitándome así los aviones de la última etapa, los gastos también hubiesen sido mucho menores.

Coste de vida (aproximado) en cada país:

India: 9,42 euros al día

Nepal: 8,76 euros al día

Tailandia: Prefiero no manifestarme en este aspecto, ya que mi gasto (casi 25 euros al día) NO tiene nada que ver con el coste de vida mochileando por el país (la explicación, en sus entradas correspondientes).

Birmania: 10,39 euros al día

Camboya: 13,33 euros al día

Vietnam: 10,43 euros al día

Laos: 11,61 euros al día

Indonesia: Es relativo, pero pongamos unos 17 euros al día (quise abarcar mucho para el tiempo que estuve, y los transportes son caros).

Malasia: 15,96 euros al día

Singapur: 9,95 euros al día (alojándome con Couchsurfing)

Australia: 26,44 euros al día (sólo en Sydney)

Argentina: 18, 29 euros al día

Bolivia: 15,08 euros al día

Perú: 19,4 euros al día (incluyendo Cuzco y Machu Picchu)

Y aquí os dejo bien ordenaditos los desgloses de cada etapa, para el que quiera entrar en “profundidades”:

Primera etapa: India y Nepal

Segunda Etapa: Tailandia, Myanmar, Camboya, Vietnam y Laos

Tercera Etapa: Indonesia, Malasia, Singapur y Australia

Cuarta Etapa: Argentina, Bolivia y Perú

El total de todo ello suma, como ya sabéis, 7352,39 euros (incluyendo robos, chantajes y desgracias varias).

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Como digo siempre: un viaje así se lo puede permitir cualquiera (económicamente hablando, claro está: las obligaciones y responsabilidades de cada cual son otra cosa completamente diferente). Insisto en ello, más que nada, porque estoy cansada de escuchar pantochadas del tipo: “con dinero en el bolsillo, cualquiera” o “yo tengo que trabajar un año para hacer algo así”… ¡Pues trabaja, leñe! Y deja de quejarte. Que es exactamente lo que he tenido que hacer yo…

Ya veis que dinero, lo que se dice “grandes cantidades de dinero”, no llevaba. De hecho, he gastado MUCHO menos de lo que me supone vivir en Cantabria o en Madrid el mismo periodo de tiempo. Eso sí: he tenido que renunciar a cualquier tipo de “comodidad”: he dormido en sitios donde muchos no pondrían ni un pie (ni mucho menos la cabeza) y comido cosas que algunos ni se plantearían probar… Eso, cuando he comido… o cuando lo que he comido no me ha causado una infección intestinal con consecuencias a largo plazo. Cada decisión tiene su precio; en mi caso, me siento feliz de pagarlo porque es lo que quiero. Cada uno sabrá cómo ajustar sus prioridades en función de lo que quiera hacer con su vida: está claro que TODO no se puede tener.

De momento, y para terminar de una vez por todas con este tema, sólo adelanto que he vuelto a casa con la cuenta en números rojos, sin ningún trabajo oscuro y secreto esperándome, y eso no me impide estar preparando la próxima. Dentro de seis meses me volvéis a preguntar cómo me lo he financiado: igual os tiro con un zapato en la cabeza :P





Balance de gastos: Argentina, Bolivia y Perú (y cierre)

4 11 2010

Vamos cerrando el presupuesto (que ya es hora). A continuación, el desglose de los gastos que he tenido que afrontar en esta última etapa recorriendo Argentina, Bolivia y Perú; así como el importe total del viaje (todo, todito, todo, excepto alguna comprita personal que me permití hacer los últimos días, y que no viene al caso).

Si esto os parece muy lioso, en las próximas horas trataré de hacer un resumen más sencillo, para el que prefiera tener una visión más global (y personal) de lo que puede costar un viaje como éste.

Gastos previos al viaje:

Esos no cambian: 531,4€

Billetes de avión:

Santander – London Stansted (Ryanair): 33,40€

London Stansted- London Heathrow (autobus National Express): 25,57€ (22,5₤)

London Heathrow – Delhi (Gulf Air): 390,84€

Kolkata – Bangkok (Jet Airways): 115€

Bangkok – Yangon – Bangkok (Airasia): 70,50€

Vientiane – Kuala Lumpur + Kuala Lumpur – Jakarta (Airasia): 111€

Surabaya – Medan (Lion Airlines): 85,29€

Medan – Georgetown (Airasia): 35,70€

Singapore – Sydney (Malasya Airlines): 274,39€

Sydney – Santiago de Chile (Aerolíneas Argentinas): 585,08€

Lima – Barcelona (Avianca): 741,63€

Barcelona – Santander (Ryanair): 36,58€

Total vuelos: 2513,98 €

Visados:

India, 6 meses-multientrada (tramitado por correo a través de Arke BLS Center): 81€

Ampliación del visado indio por nueva ley (tramitado en la embajada de Kathmandu): 7,07€ (700 rupias nepalíes)

Nepal, 15 días (tramitado en la frontera de Sunauli): 18,46€ (25$ que hay que llevar preparados de antemano)

Thailandia: Llegando en avión, tienes 30 días gratis. Llegando por tierra, 15 días.

Birmania, 28 días (tramitado en la embajada de Bangkok): 18,78€ (810 Baths)

Camboya, 1 mes (tramitado en la frontera de Aranya Prathet): 15,07€ (se paga en dólares, y son 20 exactos, aunque os intentarán timar. Para más información leed su entrada correspondiente)

Vietnam, 1 mes (tramitado en la embajada de Phnom Penh): 31,69€ (el precio exacto son 40$)

Laos, 2 meses (tramitado en la embajada de Hanoi): 29,86€ (son 35$. Una vez en la frontera, por sellarte el visado te piden 3000 kips, y otros 2000 por ponerte el térmometro para asegurarse de que no tienes gripe aviar… Si se cruza por el norte –Tay Trang- recomiendo encarecidamente ir con suficiente cambio, porque en esa frontera no hay nada…).

Indonesia, 1 mes (tramitado en el aeropuerto de Jakarta, a la llegada): 19,66€ (25 dólares, se paga en dólares).

Malasia: No es necesario llevarlo preparado. Hasta 90 días sin coste.

Singapore: Hasta 14 días sin coste.

Australia: Visa de tránsito por menos de 72 horas, gratuita pero hay que tramitarla con antelación. Yo lo hice en la embajada australiana de Kuala Lumpur.

Argentina, Bolivia, Perú: Los ciudadanos de la UE no necesitamos visado para ninguno de estos países

Total visados: 221,59€

ARGENTINA

Estancia en el país: 16 días

Tasa de cambio media durante el viaje: 1€ = 5,5 pesos argentinos.

Cajeros: Incluso con mi tarjeta, muchos cajeros me cobraron comisión local, que normalmente rondaba los 15 pesos (¡casi tres euros!).

Gastos en “vivir”: 292,68€

Gasto medio por día: 18,29€

Total comisiones en cajeros: 9,35€

Total gastos en Argentina: 302,03 euros

BOLIVIA

Estancia en el país: 20 días

Tasa de cambio media durante el viaje: 1€ = 10 bolivianos.

Cajeros: sin comisiones (al menos, con mi tarjeta).

Gastos en “vivir”: 301,66€

Gasto medio por día: 15,08€

Multa por no haber sellado mi pasaporte a la entrada: 37,7€ (no es la cantidad “estipulada”, podéis ver la explicación del incidente aquí)

Total gastos en Bolivia: 339,36 euros (estos gastos incluyen TODO, excepto algunas pequeñas compra que hice en el lago Titicaca –por importe total de 40 euros-)

PERÚ

Estancia en el país: 23 días

Tasa de cambio media: 1€= 4 nuevos soles.

Cajeros: Dan dólares o soles. Algunos cobran comisión local, otros no (hay que buscarlos).

Gastos en “vivir”, incluyéndolo TODO, incluso el tren y la entrada a Machu Picchu, así como el ticket turístico de Cuzco (pero no mis compras personales): 446,22€

Gasto medio por día (incluyendo Cuzco y Machu Picchu): 19,4€

Tasa de salida en el aeropuerto: No lo recuerdo bien, pero creo que rondaba los 15 dólares americanos…

Total gastos en Perú:  456,22€ (más o menos, depende de la tasa del aeropuerto)

El total de estos dos meses en Argentina, Bolivia y Perú suma, por tanto, un importe de 1097,61€.

Si a esa cantidad le sumamos los gastos totales (en “vivir”) de las tres primeras etapas de India, Nepal (ver desglose aquí) , “Indochina” (desglose aquí), e Indonesia, Malasia, Singapore y Australia (desglose aquí) da un total de 4085,45 euros que he gastado en vivir los últimos (casi) once meses.

Y esto, sumado a los gastos previos, visados y billetes de avión: 7352,39 EUROS ME HA COSTADO EL VIAJE ENTERO (y verdadero).

 





Más vale tarde…

1 11 2010

Como a estas alturas la gran mayoría ya sabéis, Trajinando por el Mundo” ha resultado elegido Mejor Blog de Viajes en los Premios Bitácoras 2010.

Y como sospecho que, en el minutillo que tuve para hacer con el micrófono lo que me viniese en gana, no estuve demasiado brillante (hay que ver, por primera vez en  la vida tengo un micrófono y una audiencia sólo para mí, y me quedo en blanco… qué desastre), voy a decir lo que en aquel momento me hubiese gustado expresar, pero haciendo uso del canal de comunicación en el que mejor me desenvuelvo: el papel y el boli (“el teclado y la pantalla”, por ser totalmente correcta…. pero “papel y boli” siempre queda más romántico :P).

Para empezar, me gustaría dar las gracias a los miembros del jurado, que por el motivo que sea han elegido este modesto blog antes que el de cualquiera de los otros dos finalistas de mi categoría: El Pachinko y Tremendo Viaje, ambos de una calidad excepcional y con una gran trayectoria -y trabajo- detrás, sólo por lo cual ya eran merecedores del Premio tanto o más que yo. En mi opinión, creo que el mero hecho de haber llegado a la Final entre tantos blogs buenísimos, ya debería ser motivo suficiente para que uno se considere un ganador, pero por si acaso lo recuerdo y les doy mi más sincera enhorabuena.

Por supuesto y por encima de todo, gracias a todos que me  habéis votado, haciendo así posible que una servidora y su cuaderno de viaje hayan llegado a estar en esta Final. Si la cosa no hubiese pasado de ahí, de corazón os digo que hubiese regresado a casa igual de contenta. El verdadero premio ya lo había tenido al comprobar el apoyo que “Trajinando” ha ido recibiendo, ya no sólo en esta fase de votaciones, sino a lo largo de todos estos meses que me habéis seguido y acompañado en este viaje. Gracias.

Por último, gracias a la organización de los Premios Bitácoras 2010;  no sólo por darnos a todos los bloguers la oportunidad de que nuestro trabajo y esfuerzo sea reconocido, sino por todo lo que a estos Premios acompaña. Durante las últimas semanas, a lo largo de todo el proceso de nominaciones, he descubierto blogs que hasta el momento desconocía, muchos de los cuales ahora  figuran entre mis favoritos, y cuyos autores no hacen más que despertar mi admiración, por su trabajo, por su talento y por su dedicación. Ese es el otro regalo que me llevo de estos Premios: el haber tenido la oportunidad de conocer personas que comparten conmigo una misma pasión y el haber ampliado mi lista de marcadores con nuevos blogs de viajes (y no sólo) tan completos, útiles y entretenidos.

Este fin de semana lo voy a recordar por muchos motivos; el del Premio es sólo uno de ellos (aunque dudo que llegue a olvidar algún día la descomposición que me entró al escuchar mi nombre…). Después de  un año sin dejarme caer por mi “casa adoptiva”, este evento me ha dado la perfecta excusa para hacer una breve visita a Madrid y reencontrarme con mis grandes y viejos amigos, a quienes de otra manera no hubiese visto hasta enero. Naturalmente, 48 horas es muy poco tiempo y me he quedado con las ganas de abrazar a muchos, pero seguro que eso lo arreglamos en las próximas semanas =)

Por otra parte, en la entrega de los Premios en sí he “desvirtualizado” (¿véis? estoy aprendiendo la jerga :P) a varios de los autores que se esconden detrás de esos espacios que ya seguía o he comenzado a seguir, y también he tenido el gran placer de conocer muchos otros. Pau, de “El Pachinko”; Eddy, de “Destinos Actuales”; Flapy, de “Flapy in Japan”; Diego, de “Viajando con Diego”… Ya no estoy hablando de “bloguers”, sino de personas estupendas con las que me lo he pasado muy muy bien y a las que espero volver a ver muy pronto.

En definitiva, y para no aburriros (más todavía): ¡Gracias, demonios! Sobre todo, por estar ahí.

 

Fiesta Bitácoras 2010

En la Fiesta post-InterQué (volvemos a la cámara compacta y a las fotos con flashazo...)

 

N!: Si alguno de los que aparecen en esta fotografía considera que la misma vulnera sus derechos al honor, intimidad personal o imagen pública… que lo diga y desaparece rápidamente. Es que es la única que tengo…





Empanadas, milanesas y trucha: Mi alimentación en Sudamérica.

25 10 2010

Una semana después de haber llegado a casa, por fin encuentro el momento para sentarme a escribir la última entrada “gastronómica” de este viaje. Pido disculpas por haber tardado un poquito, no podéis imaginar cómo han sido estos días: visitas por un lado, organizar mis enseres por otro, descubrir (con horror) que mi armario tiene más ropa de la que podría ponerme en una vida… Todavía no tengo la cabeza muy centrada, pero por lo menos, cuando me despierto por la mañana, ya sé que estoy en Suances y no en cualquier otro lugar del planeta como me ocurría los primeros días… Pero ya habrá tiempo para hacer una disertación sobre la vuelta a casa; hoy voy a hablar de comida.

Como ha venido siendo habitual a lo largo de estos meses, lo primero que debo decir es que esta entrada no pretende ser (ni de lejos) un estudio exhaustivo sobre la gastronomía de los países por los que he pasado. Simplemente, refleja lo que yo (como sujeto individual y concreto) he comido durante mi periplo, teniendo en cuenta mi presupuesto diario que, como sabéis, ha sido bastante limitado. Dejando claro pues, que la oferta gastronómica de estos países es mucho más rica y variada de lo que reflejan las siguientes líneas, paso a mostraros lo que podría ser el modelo de alimentación de un mochilero viajando en solitario por Sudamérica, que pretenda sobrevivir con no más de 15 o 18 euros diarios.

Bolivia: Almuerzos

ARGENTINA

Carne. Argentina es el país de la carne, o más concretamente, de la vaca. Seguro que si a cualquiera de nosotros nos preguntan por algo que nos suene típico de la cocina argentina, una de nuestras primeras respuestas será la vaca o el mate. No obstante, una vez en el país, uno no tarda en darse cuenta de que la gastronomía argentina es muchísimo más amplia, si bien también es cierto que hay ciertos denominadores comunes que se repiten constantemente: empanadas, pizza, milanesa, dulce de leche, helado… De todos ellos voy a intentar hablar brevemente en este apartado.

Puestos callejeros

Para alguien que viene de vivir durante casi nueve meses en Asia, estos puestos le hacen sentir a uno como en casa (o en su casa “adoptiva”). En este caso, sin embargo, no esperéis platos fuertes como arroz o noodles, sino más bien “aperitivos” como las “facturas”, almendras garrapiñadas, sándwiches (término que en Sudamérica no se refiere sólo a los “emparedados” de pan de molde, sino a todo tipo de bocadillos en general), empanadas e incluso vendedores ambulantes café o mate.

Incluyo dentro de esta sección los kioscos, otro mundo aparte y uno de los distintivos ya no sólo de Argentina, sino de todo Sudamérica en general. Se trata de lugares donde tanto puedes comprar una gaseosa (coca-cola, pepsi, fanta, o cualquier bebida azucarada con gas) como alfajores, empanadas, o hacer llamadas internacionales desde una cabina.

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Facturas: Medialunas, donuts, bollitos... ¡incluso churros!

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Takeaway Coffee

Argentina: Sandwiches

Sandwiches para todos los gustos (y MUY baratos) en un kiosco de Salta (fui incapaz de librarme del reflejo de la Catedral en el cristal, lo siento)

Empanadas

Nuestra clásica empanada, en prácticas dosis individuales; o lo que aquí conocemos como empanadillas… pero de masa más gruesa, al horno y sin freír: esa es mi forma de definir las empanadas argentinas (aunque luego me han dicho que también pueden ser fritas… yo no llegué a probarlas). Rellenas de carne, queso, jamón, pollo, humita… Ni que decir tiene que su tamaño engaña, y una o dos ya constituyen un excelente almuerzo. Es típico de todo el país, y por tanto se encuentran en todas partes, aunque personalmente las de Buenos Aires me parecieron un poco sosas (toda la comida argentina me pareció bastante sosa en general, hasta que llegué al norte). Las que más fama tienen son las de Salta, donde se las conoce como “salteñas” (no confundir con las “salteñas” de Bolivia), algo más pequeñas y más sabrosas que las porteñas. En general, de Jujuy hacia el norte ya el paladar nota que no sólo las empanadas, sino toda la comida en general gana bastante sabor y alegría; al menos, a mi parecer.

Argentina: Empanada de Güerrin (Buenos Aires)

Empanada de jamón y queso de la Pizzería Güerrin... mejorable. Precio: 5 pesos (0'90€)

Argentina: Empanadas saltenas

Empanadas salteñas de un bar perdido en Salta. Tres por 9 pesos (1,62€)

Argentina: Empanadas Salteñas (2)

Son un poquito más pequeñas pero, ¿habéis visto lo que tienen dentro?!

Almuerzos y Minutas

No es un alimento en el sentido estricto de la palabra, pero merece su explicación. Para comer bien, rápido y barato, en Argentina, como en cualquier otra parte, la solución pasa por pedir el menú del día, o como le llaman allí: “el almuerzo”. Sobre esto no voy a hablar, ya que todos sabemos lo que es: un primero, un segundo y (generalmente) un postre. Un caso más particular es el de las “minutas”, léase: cualquier plato casi preparado que te sirven al momento… Algunas de las minutas más populares serían las milanesas, los “bifes” (filetes), el pollo al spiedo, o los sándwiches.

Argentina: sopa de choclo y verdura

Un almuerzo en la Quebrada de Humahuaca: De primero, sopa de choclo (maíz) y verdura.

Argentina: Gnocchi

De segundo, gnocchis con bife de ternera. Al postre no le hice foto, pero era flan con dulce de leche. Todo por 10 pesos (menos de 2€)

Argentina: Bife de ternera

En el mismo restaurante, este bife de ternera era la alternativa a mis gnocchi como 2º plato (no os asustéis de los brazos peludotes: no son míos, sino de Cachamán, el chico de la guesthouse con el que subí a las cuevas del Waira)

Ciao, bella Italia…

Aproximadamente la mitad de la población argentina (un puntito más, un puntito menos) es de ascendencia italiana. Por tanto, no es de extrañar que su gastronomía esté altamente influenciada por la de este país mediterráneo. La pizza (o “pisa”, como allí le dicen) es un plato más que habitual en la carta de cualquier restaurante: de masa algo más gruesa que la italiana, y sobre todo con muchísima más mozzarella (“muzzarela” para ellos: también este nombre se lo han apropiado ;)), puedo asegurar que la cantidad de variedades propiamente argentinas me sorprendió: fugazzeta, canchera, fainá… Del mismo modo, la pasta es otro plato habitual en cualquier mesa: raviolis, gnocchis, canelones… Por no hablar de los helados: ¡ayyyy, los helados…! Definitivamente, mejor no hablo de los helados :P. No tengo muchas fotos de estos platos porque gracias a dios fui capaz de contenerme… (mochilera sí, ¡pero sigo siendo mujer! ;))

Argentina: Pizza de Güerrin (Buenos Aires)

Pizza de muzzarella, olivas y tomate de Güerrin, en Buenos Aires

Argentina: Pizza de Güerrin

Mucha, mucha, mucha muzzarella...

Argentina: Helado de dulce de leche

Helado de dulce de leche y crema con caramelo (o algo así)... 6 pesos

Milanesas

Un filete fino de carne (normalmente de vaca, aunque también puede ser de pollo) rebozado en huevo y pan rallado. Si en España es habitual, en Sudamérica alcanza casi la categoría de religión: milanesa, milanesa, milanesa… he debido comer milanesa por lo menos cien veces a lo largo de estos dos últimos meses. Al principio, optaba por la versión “sándwich” (nunca cuesta más de 5 o 10 pesos argentinos: 1 o 1’80 euros), hasta que, cansada de que me pusiesen bocadillos gigantes, no sólo rellenos de la milanesa en cuestión, sino también de huevo frito, jamón, queso, lechuga, etcétera, decidí acercarme a un restaurante y pedir una milanesa con todas las de la ley, convencida de que, aunque me cobrasen un poquito más (4 o 5 euros), la cantidad sería algo más pequeña (sí: comer menos pagando más, en esos momentos en mi cabeza tenía sentido). Al llegar el plato… ¡sorpresa! La milanesa (“a la napolitana”, es decir: con tomate y queso) era más grande que mi mano, las patatas se salían del plato, y para rematar, habían coronado la creación con dos huevos fritos descomunales. Por supuesto, no comí ni la mitad, y fue la última vez que pedí milanesa en un restaurante.

Argentina: Sandwich de milanesa (1)

Es MUCHO más grande de lo que parece, os lo aseguro

Argentina: Sandwich de milanesa (2)

Milanesa... y jamón, y queso, y tomate, y lechuga, y huevo frito.... ¡Socorro!

Argentina: milanesa a caballo

Milanesa a la napolitana "montada a caballo" (¿he dicho ya "socorro"?

Matambre

Mi gran descubrimiento en estos lares, y que todavía no sé definir con exactitud. Creo que se trata del músculo de la “barriga” del animal (normalmente vaca o cerdo); lo que para nosotros es el costillar, pero cortado de una manera diferente… más “a lo largo”·. ¡Exquisito! Desde que me lo hicieron probar en el asado de Córdoba, no dejé de pedirlo siempre que tuve ocasión. Eso sí, en la versión “sándwich”: más pequeñito pero igualmente delicioso…. Como curiosidad, yo pensaba que en España no lo teníamos, pero la semana pasada pregunté por ello en una carnicería de mercado de La Boquería, en Barcelona, y no sólo me mostraron la pieza sino que no era excesivamente caro… ¿cómo es que yo no lo había visto hasta ahora?

Argentina: Sandwich de matambrito

Lo siento, no tengo una foto del matambre... pero con este sandwich de "matambrito" os podéis hacer una idea... Precio: 8 pesos (Patrocinado por Budweiser)

Lomito

Junto con el “choripan” y los sándwiches, constituye lo que podríamos llamar el “fast-food” argentino: un bocadillo de carne de lomo, acompañado de todo lo que se os pueda pasar por la imaginación: jamón, queso, lechuga tomate… Gigantescos, para no variar. El de la imagen lo tomé en Córdoba con mi amiga Rocío, un día que no había ganas de cocinar, y con esa única pieza almorzamos las dos (y casi reventamos). El lomito con servicio a domicilio incluido (casi todos los restaurantes en Argentina tienen “delivery”) costó unos 22 pesos (4 euros).

Argentina: Lomito de Córdoba (delivery)

Argentina: Lomito de Córdoba

El Asado

Más que de una comida, estamos hablando de un acto social y un pilar básico y fundamental de la cultura y el carácter de este país. Por tanto, pretender resumirlo en una breves líneas sería una estupidez, así que simplemente describiré un poquito y por encima la técnica del asado: una parrilla, unas brasas, y muchos (pero que muuuuuuuuchos) cortes de carne y alguna verdurilla, que son expuestos al calor para que se vayan cociendo lentamente… El proceso es lento, de modo que hasta que el plato fuerte está listo, los comensales preparan “picadas” (lo que vendría a ser un “picoteo”) con queso, salame, patatas fritas, aceitunas… y por supuesto, la cerveza y el Fernet. Yo tuve la suerte de participar en un asado gracias a mis amigas de Córdoba, pero por desgracia, las horas intempestivas en las que el evento tuvo lugar, impidieron que pudiese sacar buenas fotos de la comida…

Para solitarios: en casi cualquier restaurante puede pedirse un asado “de ración” para una o dos personas por unos 40-50 pesos. Sin embargo, las cantidades son ingentes y, por tanto, a mí ni se me pasó por la cabeza…

Córdoba: Asado nocturno

Una picadita para calentar...

Córdoba: Asado nocturno

En primer plano podéis intuir (malamente) la parrilla...

Dulce de Leche

Imposible hablar de Argentina sin mencionar el dulce de leche. Una especie de crema de azúcar, leche y esencia de vainilla que se encuentra tanto solo (mucha gente lo come a cucharadas, ¡menudo peligro!) como acompañando postres o dulces, como los alfajores.

Argentina: Dulce de leche

¿Primer día de dieta?

Alfajores

Otro clásico… el pastelillo argentino por excelencia. A mí, por textura y apariencia externa me recordaba al Phoskito, aunque luego no tiene nada que ver. Está compuesto por dos galletas, normalmente abizcochadas, rellenas de dulce de leche y bañadas en chocolate. Por supuesto, luego existen cientos de variantes: relleno de chocolate negro o blanco, bizcocho o galletas duras… El más típico sigue siendo el que yo os describo, pero resulta una experiencia más que curiosa acercarse a cualquier kiosco y ver el mega-muestrario de alfajores que llena todos los estantes, tanto de las casas clásicas como de cualquier marca de chocolate o galletas, que han creado sus propias variedades “modernas” (Oreo, Milka, Chips Ahoy…).

Argentina: Alfajores Havanna

Alfajores Havanna: una marca de prestigio

Argentina: Alfajor de chocolate blanco

Alfajor clásico, pero bañado en chocolate blanco

Argentina: Alfajor de chocolate y dulce de leche

Mega-alfajor de tres pisos y galleta dura, de la marca Milka => 400 kcal la unidad (no es que lo diga yo, lo ponía en el paquete)

El Mate

No puedo cerrar el capítulo de Argentina sin hablar del mate, la bebida nacional (si bien su origen se disputa entre este país y su vecino Uruguay, donde la gente va incluso con el termo por la calle…). Antes de nada, una aclaración: en contra de la creencia popular, el mate no es la yerba, sino el recipiente donde se bebe: a la yerba se le llama simplemente yerba (o yerba mate). Se trata de una planta originaria de la cuenca del río Paraná, que una vez cortada, secada y molida, se hierve en agua y se bebe en el mate con una especie de pajita llamada “bombilla”. Tiene propiedades estimulantes y antioxidantes.

Argentina: Cartel

Argentina: Mate (2)

Ya me vale, con la de mates que he bebido y nunca le hice una foto al cacharro "en acción"

BOLIVIA

Reconozco que durante mi estancia en este país no profundicé mucho en su cocina. Creo que me volví un poco “comodona” y, sabiendo lo que me gustaba, fui “a tiro hecho” casi siempre, sin molestarme en descubrir nuevos platos… En Bolivia me he alimentado fundamentalmente a base de “almuerzos” consistentes en sopa de primero y milanesa de segundo, alguna empanada y, en la recta final en el lago Titicaca, trucha criolla.

Empanadas

Salteñas, tucumanas… Si en el norte de Argentina ya eran bastante buenas, en Bolivia alcanzan la perfección. Son un manjar verdaderamente sublime, y comerlas, toda una experiencia. Sean de carne o pollo, el relleno es siempre una sorpresa: papa, huevo cocido, guisantes, caldo (cuidado al dar el primer mordisco, yo tuve que echar a lavar un mismo pantalón dos veces en una semana por despistada) ají, especias… Suelen tomarse como desayuno o a media mañana, pero para mí constituyen también un excelente almuerzo que además llena un montón. Además, el precio no puede ser más conveniente: 2 o 3 bolivianos (20 o 30 céntimos de euro) la unidad!

Bolivia: Empanadas salteñas (1)

Dos variedades de empanadas. La de la derecha, como novedad, está frita

Bolivia: Empanadas salteñas (2)

Pollo, patata, guisantes, caldo... Alimenta tus defensas.

Picante de pollo

El “picante” es un plato (o más bien, un tipo de preparación) que ya puede verse en el norte de Argentina, aunque sin duda es en Bolivia donde alcanza su máximo apogeo. Como ejemplo, pongo el de pollo, que fue el que yo probé, pero puede ser también de res, mixto… La preparación la desconozco, pero desde mi ignorancia puedo decir que en esencia es una salsa con mucha cebolla, ají y condimentos. La pieza suele venir servida con arroz o patatas (muchas y muy diferentes tipos de papas, para ser exactos), y, por si no fuese lo suficientemente “picante”, una salsa de tomate y ají en un recipiente aparte para acompañar. El de la imagen es un picante de pollo de un restaurante “bueno” de La Paz, por lo que el plato me costó 30 bolivianos (3 euros, bastante caro para el país) y aunque en la fotografía igual no impresiona tanto, os aseguro que de él hubiésemos podido comer dos personas sin problemas… Supongo que a estas alturas ya os estaréis dando cuenta de por qué hasta ahora tengo tan pocos platos de comida: las raciones son tan descomunales que, por no enfrentarme a ellas, al final optaba siempre por comer cualquier tontería en la calle, lo que casi siempre eran sándwiches o empanadas…

Bolivia: Picante de pollo en La Paz

Picante de pollo con papa "blanca" (muy secas para mi gusto), papa normal, cebolla... y su salsita de la muerte en un recipiente aparte

Trucha

Fue llegar al lago Titicaca, y ver la luz; toda mi alimentación cambió: dejé las empanadas y me pasé a la trucha. Y es que, ¡vaya truchas! Aunque curiosamente, y a pesar de tratarse de un plato muy típico en la zona del altiplano y del que se enorgullecen muchísimo (son las más grandes del mundo, según se dice), es “importado”, ya que en el lago las únicas especies autóctonas de peces son bastante pequeñas, y por tanto, tanto las truchas como el pejerrey vienen “de fuera”. En cualquier caso, la trucha criolla está buenísima, y la preparan de tantas maneras diferentes que es imposible aburrirse de ella. Como muestra, algunos ejemplos:

Bolivia: Trucha diabla en Copacabana

"A la diabla", con cebolla, tomate y ají.

Bolivia: Trucha rellena en Copacabana

Rellena de jamón, judías... y acompañada de papas.

Bolivia: Trucha a la plancha en la Isla del Sol

La más simple de todas: a la plancha con arroz y poco más. En este caso lo que pagaba eran las vistas (id la entrada de la Isla del Sol y buscad la foto...)

Api

Esta es la primera vez que hablo únicamente de oídas, ya que nunca llegué a probarlo, pero tampoco puedo dejar de mencionarlo. El Api es una especie de “zumo-batido-crema” super denso, hecho a base de maíz morado con especias y azúcar… Suele tomarse con bollería, pero, como digo, yo ni me acerqué a él (¡mujeres! ;) )

Bolivia: Api

Api en un restaurante de comida rápida (lo suyo es probar el tradicional, en los mercados)

PERÚ

Cebiche, ceviche, sebiche, seviche…

Demasiados nombres para un mismo plato. Y, de la misma forma que no existe una forma “correcta” de escribirlo, cada cocinero cuenta con su propia receta para preparar un buen cebiche. El común denominador es pescado y/o marisco crudo, limón, cebolla y ají, todo marinado y servido bien picantito. Si se pide solo como plato, la ración es más que suficiente para quedar satisfecho, aunque también puede encontrarse en los “menús” como aperitivo o entrada. El cebiche, más que un plato, es parte de la cultura del país, el orgullo nacional, que ha sido incluso nombrado Patrimonio Cultural del Perú. Yo, personalmente, he llegado a convertirme en adicta.

Perú: Cebiche de trucha en Aguas Calientes

Cebiche de trucha en Aguas Calientes. Por consiguiente: caro (23 soles: casi 6 euros!!!)

Perú: Cebiche mixto

Cebiche mixto de pescado y marisco. Formaba parte de un menú, el segundo plato era merluza (abundante), y todo ello me costó 15 soles (3,8 euros)

Perú: Cebiche mixto

Otro cebichito de menú de 15 soles

 

Otros platos que he comido en Perú y que no necesitan explicación:

Perú: Merluza al ajo

La merluza (al ajo) de la que os hablaba en el segundo cebiche

Perú: Pescado con salsa

Otro pescado (desconocido) con salsa (desconocida) del menú del tercer cebiche

Perú: Pollo con puré y arroz

Pollo con puré y arroz (el primer plato era una ensalada)

Perú: Rocoto relleno

Rocoto relleno de carne

Perú: Pollo a la plancha

Pollo a la planta (descomunal, al igual que su precio: 23 soles en un restaurante "bueno" de Arequipa)

Perú: Trucha con salsa verde en Cuzco

Trucha en salsa verde de Cuzco: 18 soles

Perú: Gelatina con fruta

Este postre, bastante popular, a mi no me gustaba nada, pero me tocó en suerte con un menú. Es algo así como gelatina con fruta...

Perú: refresco y maiz

Casi todos los menús en Perú vienen con un misterioso refresco incluido, de los que yo nunca he conseguido averiguar los ingredientes... (pero quitan la sed)

Como ya dije en la entrada anterior, en Perú yo ya estaba con la cabeza un poco “fuera”, algo que sin duda influyó a la hora de ahondar un pcoo más en la gastronomía del país y descubrir nuevos platos. Por otra parte, me gustó tanto el cebiche, que cuando llegaba la hora de comer no me planteaba otra alternativa. Reconozco que es una pena, porque por lo que he podido leer, la gastronomía peruana es una de las más variadas y exquisitas del mundo, con casi 500 platos nacionales típicos y alcanzando unos extremos de “fusión” que la sitúan a la altura de China o India. De hecho, unos de los restaurantes más típicos y habituales en todas las calles, son los llamados “de cocina chifa”: un término empleado para describir la cocina surgida de la fusión entre la gastronomía peruana y la china debido a las oleadas de inmigrantes cantoneses que se instalaron en el país a partir del siglo XIX. Yo sólo fui a uno de estos restaurantes en Lima, justo el día antes de regresar a España, y esto fue lo que comí:

Perú: Wantan frito

De entrada, "Wantan frito" (la alternativa era sopa de wantan)

Perú: Gambas con verdutitas y arroz chaufa

Gambas con verduritas y arroz "chaufa". Menú completo: 11 soles. ¡No deja nada que desear a la comida asiática!

Para ir terminando, alguna curiosidad suelta de la cultura gastronómica peruana. Como en todo sudamérica, los “kioscos” hacen aparición en cada esquina o terminal terrestre (de autobuses, para que nos entendamos), y huelga decir que ahí se puede comprar casi cualquier mierda (entendiendo “mierda” como comida “no demasiado sana”) que se os pueda pasar por la imaginación… Por ejemplo, estas patatas que yo compré con toda la ilusión del mundo porque eran Lays edición limitada super exclusiva de Perú, y mirad lo que me encontré al abrir la bolsa (juro que apenas probé dos: esa es la cantidad que venía en el interior del envase):

Perú: Patatas Lays edición limitada

Perú: Patatas Lays edición limitada

Encima estaban sosas...

Por supuesto, no podía faltar la Inca Kola. Junto con el Cebiche, el otro “orgullo patrio” del Perú. Se trata de una gaseosa de un sabor un tanto difícil de explicar… como cítrico, pero muy muy dulce. A mi, personalmente, no me gusta mucho, pero  en Perú se vende más que la Coca-Cola (es el único país donde una bebida local supera en ventas a la multinacional americana, junto con la escocesa Irn- Bru), luego… por algo será.

Perú: Inka Cola

Y con esto creo que he terminado. Seguramente me dejo muchas cosas en el tintero pero, como siempre digo, esto no pretende ser una enciclopedia gastronómica de ningún tipo, sino únicamente una referencia para aquellos que tengan pensado viajar con un presupuesto tan limitado como el mío, y sepan lo que pueden llevarse a la boca (se sobrevive, os lo prometo ;) )

Perú: Menú

Se puede comer por mucho menos (lo que pasa es que, ya en la recta final, yo iba mucho más desahogada y me permití algún que otro placer)

Perú: Kiosco

Y si no, siempre os quedará "el kiosco" =)

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No puedo despedirme hoy sin hacer un anuncio de lo que para mi ha sido una gran sorpresa que me tiene realmente contenta: gracias a todos vosotros (porque sí: el mérito es fundamentalmente vuestro, que os habéis tomado la molestia de “pelear” con el sistema de Bitácoras.com para poder votar, sin prometeros caramelos ni nada) he resultado Finalista en la categoría Mejor Blog de Viajes de los Premios Bitácoras 2010. Supongo que me creeréis si os digo que cuando comencé este viaje -y el blog- jamás se me paso por la cabeza entrar en el concurso, ni muchísimo menos soñé con ser finalista de nada… y bueno: ha sido una sorpresa más que agradable. Porque el reconocimiento a un trabajo (o un esfuerzo, o una constancia, como queréis llamarlo, aunque se haga por puro gusto) siempre es bien recibido. Por todo ello: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS. Y por supuesto, mis felicitaciones a El Pachinko y Tremendo Viaje, los otros dos finalistas que pisan fuerte y a cuyos autores espero conocer el próximo sábado en Madrid!





De la sierra a la costa, del azul al gris, de Perú… a casa

18 10 2010

Los emocionantes días vividos en Cuzco dieron paso a una etapa del viaje algo más tranquila: la última. Algunos ya lo sabían, a otros quizá les pille por sorpresa; precisamente pensando en estos últimos he creído que lo mejor era soltarlo así, a bocajarro y nada más empezar, en un débil esfuerzo por evitar ser tachada de “traidora” más de lo necesario. No os faltarían razones: estar subiendo a Machu Picchu y a los dos días escribir desde la otra punta del mundo diciendo que en Cantabria llueve (como casi siempre), tal vez pueda ser considerado una especie de traición a aquellos que me seguís desde hace tiempo. Sin embargo, he tenido mis motivos para actuar de esta forma, y la sorpresa que les he dado a mis padres (que en absoluto esperaban mi llegada anticipada), para mí es más que suficiente.

Por otra parte, el adelantaros que escribo estas líneas desde el salón de mi casa de Suances, me permite también justificar (de “aquella” manera…) que el contenido de esta entrada no esté al nivel de otras anteriores: realmente, no me está resultando nada fácil escribirla. Sé que hace poco dije algo parecido y no quiero parecer quejica, pero tampoco puedo disfrazarlo: me está costando horrores. Si por mí fuera, dejaría el blog congelado en Machu Picchu, donde una parte de mí todavía sigue sentada frente al Templo del Sol.

Uno de los motivos por los que jamás podría escribir una buena entrada sobre esta última etapa, que abarca el trayecto de Arequipa a Lima, es porque para mí han sido unos días vividos “a medias”. No sé si esto llegará a comprenderse, pero después de diez meses y pico de viaje, cuando  sabes que te quedan algo menos de dos semanas para regresar a casa, tu mente está un poquito más “allí” que “aquí”. Para bien o para mal. Así que estos últimos diez días han sido un poco raros: me sentía completamente incapaz de disfrutar al cien por cien lo que estaba viviendo. Lo intentaba, pero intermitentemente y sin yo desearlo mi cabeza se trasladaba a mi tierra, fantaseando con la reacción que tendrían mis padres al verme aparecer por la puerta, con el reencuentro con mis amigos, adelantando acontecimientos, planificando todo lo que tendría que hacer esta primera semana en casa… En definitiva: ni estaba, ni dejaba de estar. Y hoy, martes 18 de octubre, sentada en el sofá de mi casa, puedo aseguraros que sigo igual: hace diez días, en Arequipa, mi cabeza pensaba en mi tierra; ahora, descolocada como nunca, regresa una y otra vez a Machu Picchu; para mí, la verdadera última parada de este viaje. Lo demás ha sido un mero trámite. Pero hay que contarlo, ¿no? Aunque sea por encima… Así que allá va.

Arequipa - Plaza de Armas (7)

Fuente en la Plaza de Armas de Arequipa

En Arequipa sólo he estado tres días. Como ya me ocurriese con Salta hace unos meses, Arequipa ha sido el tipo de parada donde me he detenido fundamentalmente para descansar y ponerme al día con mis “deberes”. Después de Cuzco, lo necesitaba.

Arequipa es una ciudad muy bonita. Se la conoce como “la Ciudad Blanca” por el color de la mayor parte de sus edificios, construidos con “sillar”, una piedra volcánica muy abundante en esa zona. Su centro histórico es realmente espectacular: desde la Plaza de Armas, presidida por la imponente Catedral y rodeada de fachadas con arcos de dos pisos; a templos como el de la Compañía de Jesús, la Iglesia de San Agustín o el monasterio de Santa Catalina, construido como una ciudad dentro de la propia ciudad de Arequipa, y en el que llegaron a vivir 450 monjas que no tenían absolutamente ningún contacto con el exterior (algo que dio pie a muchas leyendas y rumores), Arequipa tiene rincones bastante interesantes para descubrir.

Arequipa - Plaza de Armas (5)

Iglesia Compañía de Jesús (3)

Compañía de Jesús

Arequipa - Plaza de Armas (3)

Catedral (era difícil sacar una foto mejor... ¡demasiado grande!)

Pero, sobre todo, para mí Arequipa ha sido un lugar cómodo donde soltar el acelerador un poco y retomar alguna tarea pendiente. Es una ciudad pequeña, al menos lo suficiente como para poder ir a todas partes a pie, y donde todo queda a mano: farmacias en cada esquina, supermercados, tiendas de moda, heladerías, restaurantes… En definitiva, una ciudad práctica donde hacer un poco de “vida tranquila”. Para los más nerviosos, el Cañón del Colca, el segundo más profundo del mundo (o eso dicen), se encuentra a tan sólo 165 kilómetros de la ciudad, y todas las agencias ofrecen trekkings o excursiones de dos o varios días para explorarlo a gusto. En esta ocasión, dadas mis circunstancias personales, yo he preferido dejarlo para mi próxima visita a Perú.

Si hay una anécdota a destacar de mi estancia en Arequipa, ha sido el contacto (o para ser completamente correcta: el no-contacto) con su gente. No puedo ocultarlo: me voy un poquito decepcionada con la “juventud” de este país, pero posiblemente haya sido porque, como ellos mismos dicen, “les he pillado en un mal momento”. Aunque mis planes, ya desde el principio, consistían en estar un poco a mi aire y descansar, sabiendo el poco tiempo que me quedaba no quería dejar la oportunidad de quedar con algún couchsurfer para pasear por la ciudad y compartir alguna buena conversación. Con este objetivo, escribí varios mensajes a través de la página de Couchsurfing, tanto privados a miembros de la comunidad, como públicos en el “grupo” de Arequipa. Las respuestas, que (eso sí) no tardaron en llegar, me dejaron, cuanto menos, algo sorprendida. Todos decían lo mismo: “Lo siento, no puedo quedar… es que es fin de semana de elecciones y han decretado la Ley Seca, no se puede tomar…”, “Uy, qué pena, has llegado en muy mala época: es que por culpa de las fucking elecciones no dejan tomar…”, “Hola linda, con gusto quedaría contigo, pero hay Ley Seca y no se puede”. Por más que intenté matarme con la razón, y explicarles que yo no tenía ninguna intención de beber, que lo único que quería era dar una vuelta y que alguien me enseñase la ciudad, fue imposible convencerles. Como si, en su estructura mental, no concibiesen un cita o acto social sin alcohol de por medio. Esa noche, cuando regresaba al hostal después de cenar, todos los bares, restaurantes y cafeterías el centro estaban completamente vacíos. ¡Y era sábado!

Calles (2)

Coqueta calle del centro de la ciudad

Atasco en la esquina (1)

Curiosidades de Arequipa: ¡¡Hay más taxis que personas!! Y este es el tráfico normal, en una esquina normal, a una hora normal...

Iglesia Compañía de Jesús (4)

Iglesia de la Compañía (otra vez: es que es muy fotogénica)

De Arequipa, a Ica: una ciudad en mitad del desierto peruano, a la que sólo me desplacé porque sentía curiosidad por conocer el Oasis de Huacachina, del que había leído cosas bastante curiosas. De hecho, ya conocer  el desierto peruano me parecía algo lo bastante curioso de por sí: ¡Desierto! ¡en Perú! Jamás lo hubiese imaginado, pero sí. La geografía de Perú es una de las más complejas y diversas del mundo, y tiene de todo: sierra, selva, bosque seco, mar tropical, mar frío, sabana… hasta desierto.

El viaje hasta Ica fue largo (12 horas) y duro (dos películas de Jackie Chan: una de ellas DOS veces), pero pensando que al final del camino me esperaba un Oasis en el más estricto sentido de la palabra, conseguí llevarlo lo mejor posible. ¡Quién me iba a decir a mí que no aguantaría en él más de media hora!

Desierto desde el autobús (1)

08:36 a.m. Panorama desde el autobús (al principio mola)

Desierto desde el autobús (2)

09:48 a.m Panorama desde el autobús (era esto o "The Karate Kid" una y otra vez)

Desierto  desde el autobús (3)

Un punto de vista diferente: de lado (el color de las fotos es debido a la mierda que tenía el cristal)

El taxista encargado en llevarme de Ica a Huacachina y de allí otra vez hasta Ica me dijo que nunca había conocido a nadie que hubiese salido espantado a los veinte minutos de llegar… será que soy rara. Será. Solo puedo decir que cuando vi el sitio donde estaba, una laguna en mitad del desierto rodeada por unos pocos hoteles y restaurantes enfocados al turismo backpacker del “no sé ni en qué país me encuentro, pero mientras haya cerveza y pizza todo me da igual”, me entró una angustia terrible y tuve que salir corriendo sin ni siquiera haberme quitado la mochila (pero, eso sí, haciendo unas cuantas fotos como prueba de mi paso por el lugar). Que quede claro: no creo que Huacachina sea un mal sitio. El que busque unos días de descanso, sin hacer nada, únicamente para tomar el sol, bañarse en la piscina y deslizarse con una tabla por las dunas, hará muy bien viniendo aquí. Pero dada mi situación concreta (última semana de viaje, etcétera), la idea de aislarme en esa laguna-resort, completamente sola (¡es que no había ni turistas!) durante un par de días preciosos que podía aprovechar en visitar otra ciudad y VIVIR de verdad el país del que estaba a punto de despedirme, me pareció insoportable. En menos de una hora ya me había metido en un autobús con destino a la capital: Lima.

Oasis de Huacachina (1)

Oasis de Huacachina (2)

Oasis de Huacachina (4)

Ni un alma...

Así pues, los últimos ocho días los he pasado en Lima. Y aquí es donde la tarea de escribir “algo” se torna más difícil todavía. En mi última semana de viaje, por más que he intentado “no perder la compostura”, tratar de verlo todo con la misma ilusión que al comienzo, mantener viva la curiosidad, las ganas de conocer, de explorar, de descubrir… me he convertido en un fantasma, en un no-ser, en un ente errante que se movía por las calles de Miraflores como un alma en pena; sin saber si estaba aquí o allí, si alegrarme porque iba a ver a mi familia o echarme a llorar porque se acababa el mejor año de mi vida.

Calles del centro (1)

Gris, gris, gris Lima (típica calle comercial)

Calles del centro (4)

Esta ya ni cielo tiene (calle del centro histórico)

A todo esto, y las cosas como son, los atractivos de Lima no han contribuido mucho a mantener mi entusiasmo. No quiero decirlo muy alto, porque muy posiblemente (casi con total seguridad) a esta visión gris que tengo de Lima, haya influido el velo de indiferencia que cubría mis propios ojos. Estoy casi segura de que si Lima hubiese sido la ciudad en la que aterricé el 11 de diciembre de 2009, con todo un año de expectativas por delante, la hubiese visto de otra manera. Pero no ha sido el caso, y Lima espectacular, lo que se dice “espectacular”, no es. No destaca por nada. Se trata, eso sí, de una buena ciudad para “perder el tiempo” una semana, visitando plazas, algún yacimiento arqueológico, el mercado de Polvos Azules (un imperdible para los cinéfilos –¡tienen todas las películas del mundo!- y los amantes de los zapatos de marca – si no os importa que os vendan uno original y la pareja de imitación-) y comer los últimos ceviches. También, como toda gran ciudad, está plagada de tiendas, tanto de artesanías y recuerdos propios de Perú (el Mercado de Artesanías de Miraflores, por poner un ejemplo) como centros comerciales de primer nivel con ropa de todas las grandes marcas a precio europeo. Pero poco más. Nada que destacar.

Plaza de Armas (2)

Plaza de Armas y Catedral

Calles del centro (3)

Saga Falabella: El Corte Inglés Peruano

Calles del centro (6)

Iglesia de San Francisco

Plaza de Armas (9)

Plaza de Armas

Miraflores (23)

Huaca Pucllana, Miraflores

Luego está el cielo. El gris, denso, pesado y perennemente nublado cielo de Lima. A las fotos me remito: he pasado ocho días en la ciudad, y solamente una tarde ha salido el sol. Una tarde que, lógicamente, me he vuelto loca de alegría y he aprovechado segundo a segundo para fotografiar todo lo fotografiable en el barrio de Miraflores: su famosísimo centro comercial Larcomar, su ¿playa? (por llamarla de alguna manera), el Parque del Amor y, en la otra punta, el barrio de Barranco: la zona “bohemia” de la ciudad.

Miraflores (3)

Miraflores (5)

Miraflores (8)

Miraflores (10)

Miraflores (12)

Miraflores (14)

El 12 de octubre, el mismo día que Colón llegó a América (sólo que 518 años más tarde), abandonaba Lima subida en un avión de la flota de Avianca con destino Bogotá. Allí tomé otro vuelo de casi 11 horas hasta Madrid, donde me tocó esperar un buen rato, ya que mi avión llegó con un retraso considerable y perdí el enlace con el vuelo de Iberia que debía llevarme a Barcelona. Tras una parada técnica de un día para arreglar unos asuntos en la “Ciudad Condal”, y otro vuelo de Ryanair hasta Santander, el viernes 15 de octubre a las 15:37 de la tarde entraba por la portilla de mi casa, acompañada por los dos mismos buenos amigos que diez meses atrás se habían encargado de llevarme y despedirme en el aeropuerto. La cara de mi madre (quien, por cierto, ese mismo día cumplía años) cuando me vio aparecer al final del camino, hizo valer todos los esfuerzos y despejó cualquier temor que todavía pudiese tener. Estaba en casa.

Calm.

"Calma" (Suances, Cantabria)

Próximamente: “Mi alimentación en Sudamérica”, “Balance de Gastos Final” y, cuando haya tenido algo de tiempo para hacerme a la idea de dónde estoy, cuál es mi nombre y cómo me siento… el “Epílogo” (o algo así).








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